45 años: una vida en matrimonio

Autor: Paulina Abril Vázquez Reyes

45 años: una vida en matrimonio

Algunos filmes son más retratos que películas en el sentido estricto de que la intimidad que las entrama las vuelve representaciones que cimbran inesperadamente. Sin duda, este es el caso del trabajo de dirección que Andrew Haigh afianza progresivamente durante el filme 45 años (Reino Unido, 2015).

Charlotte Rampling es una leyenda del cine europeo y aseguró en alguna ocasión: “Si las películas son fieles a la vida, pueden atraer a un público de cualquier edad”. Su trabajo en esta producción lo confirma ducha sentencia rotundamente. La mancuerna fabulosa entre Rampling y Tom Courtenay son el pilar que sostiene la atención del espectador de principio a fin y demuestran con creces que su experiencia actoral y su edad están muy por encima de los clichés de amor romántico que predominan en la producciones occidentales, usualmente representados por personajes joviales.

Vemos y creemos por completo que estamos presenciando el quiebre de una pareja que, a una semana del festejo de su 45 aniversario, ven transgredidos los cimientos de su relación al descubrirse el cuerpo de Katya, el antiguo amor de Geoff, misma que al parecer siempre estuvo presente no sólo en la memoria de él, sino de toda la vida de matrimonio con Kate (Charlotte Rampling).

La narrativa fluye con sutileza durante seis días para la pareja, mientras se nos muestra la afligida y tormentosa etapa que vive este matrimonio, misma que se deshiela como los glaciares suizos.

Basada en el cuento “En otro país" de David Constantine, la simpleza del discurso enfatiza la angustiosa verdad a la que se enfrentan sus personajes ante la duda lacerante del verdadero origen de ese matrimonio. Ambos personajes se van descomponiendo y a medida que avanza la película se convierten en otras personas, se redescubren al punto de no reconocerse aunque pareciera que son y siempre serán los mismos.

El silencio es el ancho río en el que flota esta historia que paulatinamente se torna en una angustiosa corriente de incertidumbre, celos y suposiciones que culminan inevitablemente en la inquietante escena final. A los ojos de todos está la pareja feliz y duradera que celebran a ovaciones, pero en la mirada de Kate se revela el abismo abrumador al que se verá enfrentada por el resto de su vida y de su matrimonio. Películas como 45 años nos hacen reflexionar sobre las relaciones que nos atañen, que vivimos o viviremos y en las personas que creemos conocer a profundidad.

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