Adaptaciones: la tensión entre el cine y la literatura

Autor: Abraham Villa Figueroa

Adaptaciones: la tensión entre el cine y la literatura

La relación entre el cine y la literatura siempre ha sido de amor y odio. Por un lado, el cine lucha por su independencia, por demostrar que puede defender un territorio propio al que la literatura no puede acceder; por otro lado, las tramas y la narrativa de la literatura han inspirado formas cinematográficas que remiten a la tradición escrita. Donde mejor se observa esta fructífera tensión es en las adaptaciones de obras literarias al cine. ¿Para qué contar  una historia que ya funciona adecuadamente por escrito? ¿Qué añade la imagen a las palabras? ¿O es acaso que la literatura debe servir solo de excusa, de punto de partida para que el cine despliegue por medio de las imágenes en movimiento un arte que es ajeno a del lenguaje escrito?

Cuando de una misma novela se hacen varias adaptaciones, se hace más evidente cómo el cine construye una visión propia al recurrir a tramas y personajes escritos. La tregua, novela escrita por el uruguayo Mario Benedetti, tuvo dos adaptaciones al cine: la primera se realizó en Argentina en 1974 y fue dirigida por Sergio Renán; la segunda la hizo Alfonso Rosas Priego en México. Aunque la trama y los personajes son similares, la segunda se concentra en el melodrama y la primera en la pérdida y búsqueda del deseo. Ambas facetas están presentes en la novela, pero cada adaptación explora los temas que le interesan en particular.

 La obra literaria es un espacio de posibilidades para el cine, una nebulosa a la que las imágenes dan presencia. El cine, al verse obligado a mostrar aquello que la palabra escrita solo evoca en la imaginación, adquiere un peso que lo obliga a asumir una lógica propia. Por ello, hay grandes adaptaciones que se separan substancialmente de sus orígenes. Este es el caso de El rincón de las vírgenes (México, 1973) de Alberto Isaac. El cuento de Juan Rulfo, en el que se basa la película, se construye a partir de la rememoración y lo anecdótico. La película de Isaac ahonda en el pasado de los personajes de Rulfo, con lo cual el personaje de Anacleto Morones y la espiritualidad rural crean un escenario a la vez picaresco y edénico, que además cuenta con una actuación emblemática de Emilio Fernández.

Otras adaptaciones se remiten a los elementos fundamentales de la obra que adaptan. Tal es el caso de El lugar sin límites (México, 1973) de Arturo Ripstein, que funciona como una depuración de elementos centrales en la novela de José Donoso para construir un drama que también concentra las preocupaciones más grandes del director. La sordidez y la crueldad de Risptein dejan en segundo plano las resonancias alegóricas, míticas, casi existenciales de la novela de Donoso, pero también dotan a la crudeza de la novela de una fuerza abrumadora, con lo que se muestra que se guarda mayor fidelidad al material de origen transformándolo en una obra cinematográfica con coordinadas propias. 

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