Alamar: La belleza de la felicidad

Autor: Ro. Jim.

Alamar: La belleza de la felicidad

“El que vive en el mar vive feliz”

Observación docuficcional hacia los adentros de la enlazante relación experimentada por Jorge y Natan, padre e hijo separados geográficamente que se rencuentran en un viaje por Banco Chinchorro, parte del territorio insular de Quintana Roo, México.

Arrancando con una presentación de lo que parece ser un álbum de fotos y videos familiares, se nos presenta una relativamente fugaz relación amorosa que concibió al infante italomexicano radicado en Roma, quien se aventurará al mundo del padre y abuelo en medio del inmenso océano. Seguido por la cámara es captado durmiendo en el larguísimo trayecto, subiendo a una lanchita que los llevará a la pequeña casa construida sobre el agua donde vivirán los próximos días en una comuna marina-masculina, y de la que deberá despedirse de manera inminente bajo los sonidos de una atmósfera amitótica de gestantes recuerdos.

Una cámara apenas móvil, distante, a veces submarina, registra a lo Jaques Cousteau (El mundo del silencio, Francia, 1955) la técnica de pesca por la cual los protagonistas adquieren el alimento de los próximos días, vigila las indicaciones y regaños de un padre que busca integrar a su hijo al ecosistema de tranquilidad, a un ecosistema cultural al que tardará en volver aun siendo que es su propia herencia; permanece a la mira de la construcción de una confianza mutua, de la construcción de un equipo, como de los tres puntos en el círculo que decoran la bandera de su temporal hogar.

Un viento continuo en la banda sonora nos permite sentir la brisa marina, la llegada de las aves, casi hasta el sabor de los platillos que prepara el abuelo para la familia. Un viento que trae a Blanquita, una garza que se une temporalmente a su comuna, y que será su lección sobre la libertad (“ella vive solamente entre aves”), sobre los caminos que los separan en la construcción de su realidad.

Las enseñanzas se acercan a un final donde padre e hijo chocan sus cabezas, como cómplices, como compañeros, como chocan sus diferencias culturales, como chocan con el dolor que trae la formación de su ligadura (“papi te va cuidar siempre”), del alamar que los abotonará a través de la distancia y el tiempo.

Y a manera de acción poética, el niño voltea a la cámara indicando que lanzará una botella con un mensaje y una flor al mar, sin saber si llegará a Italia o permanecerá en México, tal como su corazón ha sido lanzado a las inmensidades acuáticas donde fue captada la belleza de su felicidad.

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