Atrás hay relámpagos

Autor: Bianca Ashanti

Atrás hay relámpagos

Esta película es protagonizado por Adriana Álvarez y Natalia Arias, a quienes recordamos por su actuación compartida en Gestación (Esteban Ramírez, 2009), donde demostraron tener el carisma necesario para conquistar a los espectadores e inyectar en la trama un entrañable colorido.

Hernández Cordón ha logrado llegar al público juvenil a través de una narrativa fílmica que aspira representar algunos de los escenarios cotidianos de esta etapa. La eterna búsqueda de la libertad y los pormenores de las relaciones afectivas, que como en toda buena historia, convierten la particularidad en generalidad, han logrado despertar en el público una empatía y complicidad que ha hecho de las películas un testimonio generacional.

Pero la filmografía del director guatemalteco va más allá de los problemas propios de la pubertad, abarca una línea narrativa más profunda, que trastoca diversos conflictos contextuales y que sirven como un hilo conductor lleno de contrastes. Tal es el caso de Atrás hay relámpagos (Costa Rica, México, 2017), donde el cineasta construye una película que en ocasiones parece perder la continuidad pero que termina unificándose gracias a la congruencia entre los personajes y el guion.

De esta manera la cinta, que comienza con todas las características de un thriller (un misterioso asesinato, un testimonio falso y muchas dudas familiares), termina por descartar las pretensiones dramáticas y elige una óptica más acorde con el estilo de Hernández Cordón, convirtiéndose en un híbrido que parece apostarle en su mayoría al filme contemplativo. Durante una hora sólo podemos ver a un grupo de jóvenes bikers que disfrutan de su vida sin la más mínima señal de responsabilidades.

Todo parece centrarse en la estética de las imágenes, un montón de luces y risas acompañadas de música, hasta que un segundo conflicto irrumpe en la trama para cerrar el caótico ciclo e insertar en el espectador una serie de preguntas sobre lo que está a punto de pasar. Con aires de simpleza, Atrás hay relámpagos logra conjuntar una serie de elementos propios de la contemporaneidad. La corrupción, la migración, los conflictos entre las clases sociales y la irreverencia de las nuevas generaciones se convierten en la base bajo la cual se construye una historia que exalta los valores de la amistad.

Ya sea en bicicleta —Atrás hay relámpagos—, en patineta —Te prometo anarquía (México, Alemania, 2005)— o en auto —Gasolina (Guatemala, 2008)— no cabe duda de que Julio Hernández Cordón es un fanático de contraponer a la juventud con la muerte, de construir a partir de la fantasía escenarios poco benevolentes para sus protagonistas, mismos que son llevados al límite en casi todas sus propuestas. Uno de los mayores aciertos del director que parece no temer a la hora de confrontar al espectador. 

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