Basado en hechos reales: la intersección entre el cine y la realidad

Autor: Abraham Villa Figueroa

Basado en hechos reales: la intersección entre el cine y la realidad

El cine tiene una relación privilegiada con la realidad. Las imágenes en movimiento, además de ser el material con el cual el cine hace arte, también son un documento histórico y factual. Prueba de ello son películas como El grito (México, 1968), que además de presentar una visión comprensiva del espíritu estudiantil que sacudió el país en 1968 es un testimonio directo de quienes participaron en el movimiento. La realidad se vuelve inseparable de la propuesta estética. La historia y el arte se funden en una manifestación de inconformismo.

La capacidad que tiene el cine de mostrar sin tapujos a los hechos de los que participa. Su reapropiación siempre asume una perspectiva y dice algo sobre lo que transmite. En ¡Vámonos con Pancho Villa! (México, 1936), Fernando de Fuentes recrea episodios de la Revolución Mexicana con el propósito de ofrecer una visión desencantada de los caudillos y de la guerra. No le interesa la verosimilitud tanto como la verdad.

El caso opuesto es posible: aprovechar la verosimilitud de lo real para, por medio de la ficción, defender una verdad. Redes (México, 1936) es ejemplar en este sentido. Recurriendo a actores no profesionales que eran pescadores y filmando en su localidad, Emilio Gómez Muriel y Fred Zinnemann hicieron una fábula socialista donde un grupo de pescadores empobrecidos deciden rebelarse y mejorar sus condiciones de vida. Los hechos narrados no tienen un referente histórico preciso pero remiten a la condición histórica y real de millones de trabajadores empobrecidos por la injusticia social.

El cine también ha sabido encontrar en los hechos reales una excusa, un punto de partida hacia la aventura. Cabeza de Vaca (México, 1991), que basa su personaje y su trama en la crónica de un conquistador español del siglo XVI, se vale de recursos estilísticos y plásticos que dan cuenta del asombro y desconcierto que el explorador sintió al adentrarse en un mundo nuevo. La imaginación del cine materializa lo fantástico que, sin ser objetivo, también es parte de la apreciación subjetiva de los hechos. 


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