Batallas íntimas

Autor: Ana Laura Pérez

Batallas íntimas

«El amor no debe de doler» dice una de las mujeres retratadas por Lucía Gajá como parte del mosaico de historias dolorosamente cotidianas que se cuentan en Batallas íntimas (México, 2017). Mujeres de distintas edades, provenientes de distintos contextos, quienes desde sus trincheras suman sus voces a un relato que es el de muchas, potencialmente el de todas. La violencia sistemática a la que nos vemos expuestas no distingue idiomas ni fronteras. 

Las voces en off que describen los episodios de violencia vuelven cada vez más insoportables las imágenes de los espacios, las ventanas, de estas mujeres en situaciones cotidianas; de sus rostros. Las víctimas están –estamos– en todos lados, muy frecuentemente silenciadas por la normalización del horror. Es por esto que las herramientas elegidas por Lucía Gajá son valiosas: la palabra como lugar de encuentro –una de las escenas más entrañables de la cinta es el diálogo entre Martha, la mujer mexicana, y las mujeres en su vida que le ayudaron a salvarse–; hablar como el primer paso en una lucha contra un sistema que nos ha tenido amordazadas mucho tiempo.

Los detalles de las violencias sufridas por estas mujeres pueden variar pero al final los golpes, el aislamiento, las amenazas y las violaciones son producto de un ejercicio y abuso de poder. Lo que parece señalarnos Lucía Gajá al trasladarse a cinco países distintos es que la violencia de género está en todos lados: más allá de las diferencias culturales que pueden existir entre un lugar y otro, el problema es la jerarquización ancestral cuando se habla de hombres y mujeres, un estado de las cosas respaldado por la educación, las costumbres, los aparatos jurídicos, la sociedad.

Todas estas historias comenzaron de manera similar: con la construcción de familias, de hogares que terminaron convirtiéndose en lugares amenazantes. En la intimidad con un otro en quien una cree que puede confiar. En un mundo en el que cada vez parece haber menos lugares donde como mujeres podemos bajar la guardia y sentirnos seguras. 

Desde un espacio íntimo mortal que es preservado por el silencio, las mujeres cuyos testimonios hilan la película alzan la voz, rompen las paredes con sus relatos. Frente al miedo, la vergüenza, el coraje, la desesperación, la impotencia, Batallas íntimas se erige como un grito de denuncia coral y como una promesa de esperanza. A pesar de lo mucho que nos ha sido arrebatado con las violencias, y que muy probablemente jamás volverá, si una ha logrado sobrevivir y reconocerse, siempre puede volver a hacer las cosas que disfruta, volver a vivir, volver a amar.

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