Buster Keaton: la labor del romántico

Autor: Abraham Villa Figueroa

Buster Keaton: la labor del romántico

La habilidad de Charlas Chaplin para la comedia en el cine es indisputable. Su figura emblemática y su sentimentalismo trastabillante conquistaron una forma del encanto que se hizo indistinguible de su personalidad y sus padecimientos. El hado de Chaplin parte de la grandilocuencia de la tragedia y de la empatía que produce la malaventura. Buster Keaton es otro universo, menos escandaloso, más elemental, menos proclive al melodrama que a la acrobacia. 

La habilidad de Keaton para ubicar a su personaje en un mundo ordenado y dotarlo de un objetivo y medios suficientes para alcanzarlo hace que sus películas se asemejan más a máquinas precisas y divertidas que a actos de vaudeville (como es el caso de Chaplin). Su película más conocida, y una de las más importantes de la historia del cine, El General (Estados Unidos, 1926) consiste en una persecución de trenes ambientada en la guerra civil estadounidense.

La lógica maquinaria de los trenes se apodera de toda la cinta, en la que vemos al personaje de Keaton enfrentarse a sus obstáculos con una eficiencia siempre al borde del desastre, pero suficiente para remontarlos con un empleo adecuado de los objetos (cañones, espadas, leños, sacos) de los que dispone.

El humor de Keaton se fundamenta menos en el infortunio del padecimiento que en la lucha incansable del individuo contra su entorno. Frente al cataclismo, Keaton no se amedrenta ni ceja en sus esfuerzos, los cuales, al igual que su delgada y leve figura, evocan una absurda, inconsciente y excesiva confianza en uno mismo. Sin embargo, la elegante lógica del espacio hace que hasta los más caóticos desastres sean acertijos mecánicos que el protagonista puede resolver. Uno de los ejemplos más asombrosos de lo anterior es la insuperable secuencia final de Steamboat Bill, Jr. (Estados Unidos, 1928).

El objetivo de los personajes de Keaton es ganarse el amor de una dama, el cual, como en los cuentos medievales, se consigue solo después de superar una serie de pruebas en las que el sutil héroe tiene todas las de perder. Su voluntad e inteligencia se desenvuelven entonces como un verdadero esfuerzo, el cual se traduce en términos físicos y corporales. Tal es el tema de El colegial (Estados Unidos, 1927), donde el personaje de Keaton, un universitario letrado y enclenque, intenta destacar en los deportes para casarse con la joven a la que quiere.

 

La lucha eterna de Keaton es la del individuo desposeído que debe valerse de su astucia para derrotar a las manifestaciones físicas de la fuerza, el poder o el dinero y así conquistar a su amor. Un matrimonio elegante, y en verdad improbable, por lo que se vuelve divertido, del héroe romántico con la astucia práctica; esta es la premisa de Las tres edades (Estados Unidos, 1923), donde casi con la pretensión de una demostración científica de que los mecanismos del amor (la búsqueda, la labor y el triunfo) son siempre los mismos.

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