Desde la mirada de María Álvarez

Autor: Sharely Cuellar

Desde la mirada de María Álvarez

El deseo de llevar el amor por el cine hasta nuestra vejez parece un abrazo. La calidez de ver la pantalla grande como punto de reunión en un ritual de preparación ante lo inefable es también espejo emocional para acercarnos a unas realidades mientras nos aleja de otras, mientras inserta nuevas y fascinantes memorias a través de luces, sombras y sonidos. Así es como las protagonistas del documental Las cinéphilas (Argentina, 2017) revisan programas de festivales de cine y carteleras. Ellas planean como parte de su día el gran acontecimiento: ver una película. La realizadora María Álvarez respondió unas preguntas a propósito de este estreno en FilminLatino.

FilminLatino: ¿Cómo surge este interés por retratar la vejez a través de las seis espectadoras y su amor por el cine en Las cinéphilas?

María Álvarez: Desde mis años de estudiante de cine comparto las funciones de la tarde con señoras mayores. En aquel entonces, las veía como personas muy distintas a mí. Hasta que un día las volví a mirar y me sentí más cerca de ellas que de aquella estudiante que fui. De ahí partió Las cinéphilas.

Más allá del amor por las películas, me interesaba la sala de cine como lugar de contención de la soledad y el paso del tiempo. Cada una de las “cinéphilas” es una pincelada de una sombra difusa: mi propio futuro.

FL: ¿Por qué fue importante que el desarrollo fuera llevado por mujeres? ¿Cuáles subtramas te revelaron sus historias?

MA: El documental es una búsqueda de referentes para mi propia vejez. Siendo mujer, fue natural desde la idea inicial que me proyectara en mujeres. Además de esto, desde un punto de vista subjetivo y no estadístico, yo encuentro que estas mujeres mayores son las que sostienen las salas y espacios culturales, que ellas son mayoría.

El desafío más grande en cuanto a subtramas fue la edición, armar un relato con cierta curva dramática sin voz en off ni historia concreta. Ir llevando al espectador de “cinéphila” en “cinéphila”, trenzando las historias, para conformar una especie de gran único personaje que dejase al descubierto el diálogo que existe entre la ficción y la vida.

FL: Ante el contexto que enfrentamos con la pandemia, ¿cuál es tu opinión sobre la relación de las personas con el cine y su valor para enfrentar momentos de incertidumbre?

MA: Para mi “el cine” es la sala de cine. Me gusta diferenciar entre el cine y las películas. Las películas están en auge y cada vez hay más pantallas para verlas. Pero el cine es otra cosa. El cine es una manera de ver una película, una experiencia muy particular que no puede compararse con otras maneras de ver esas mismas películas. La experiencia de la sala de cine, con su sensación de tiempo y espacio suspendidos, tiene una intensidad incomparable. El cine es un evento social, colectivo, un viaje que se comparte con otros y que te saca de tu casa y de vos mismo. El cine tiene un horario fijo, no te espera si te dan ganas de ir al baño. El cine manda, no lo podemos manejar con un clic. Las cinéphilas defiende la idea de que la sala de cine es un lugar de resistencia frente a las tecnologías imperantes por donde hoy parece pasar absolutamente toda nuestra vida.

FL: Compártenos más sobre El tiempo perdido y su relación con Las cinéphilas.

MA: El tiempo perdido (Argentina, 2020) es un retrato documental de un grupo de lectores de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Este grupo está retratado en un par de escenas de Las cinéphilas. Norma Bárbaro, una de las protagonistas de Las cinéphilas, es una de las integrantes fundadoras del grupo de Proust. Después de registrar el primer encuentro (que quedó incluido en Las cinéphilas) decidí que quería seguir filmado las reuniones de lectura y empecé a leer la novela de Marcel Proust, que me fascinó. Ahí empecé a vislumbrar el diálogo que existía entre los lectores y el texto y cómo se resignificaban mutuamente. Y también cómo mis propias intenciones y frustraciones de realizadora se identificaban con las intensiones y frustraciones de Marcel, el narrador de la novela. De ahí salió El tiempo perdido.

Ambas películas vinculan el paso del tiempo y el arte, y forman parte de una trilogía documental que culminará con Las cercanas, película que estoy terminando

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