El acorazado Potemkin

Autor: Ricardo Navarijo

El acorazado Potemkin

Lenin dijo “de todas las artes, el cine es para nosotros la más importante”, un instrumento que eliminó cualquier duda sobre el poder que tiene como medio propagandístico. Antes de El acorazado Potemkin, el cine era considerado como mero entretenimiento para alejarse de los problemas de la vida cotidiana.

El realizador soviético Sergei Eisenstein (Iván el terrible, 1944) concibe su trabajo más importante, El acorazado Potemkin (URSS, 1925), como una película del “ataque psicológico” con enormes planos y montajes cortos donde exhibe al público el dolor y el miedo de los partícipes de aquellos trágicos sucesos y los motivos del estallido de la Revolución rusa.

El filme es una metáfora de la fallida Revolución rusa de 1905 para derrocar al Zar Nicolas ll, retrata la lucha de las clases que sostienen la monarquía en el barco (los aristocráticos, el clero, los intelectuales que dominan el poder y los indiferentes) contrapuestos a los grupos revolucionarios, como el pueblo movilizado, los marineros y los oprimidos. La película narra cómo la tripulación del acorazado Príncipe Potemkin de Táurida (Knyaz Potiomkin Tavrícheski) se cansa de las humillaciones e injusticias de los oficiales. El detonante de la situación es la carne podrida que dan a los marineros para que coman. Estalla un motín que dará comienzo al reguero revolucionario por Odesa y toda Rusia.

Es importante destacar que no solo fue innovadora por el uso de nuevas técnicas para su tiempo (Eisenstein y el director de fotografía Eduard Tissé experimentaron con objetivos, focos, plataformas para mover las cámaras), también por algunos rasgos característicos que trascenderán hasta nuestros días. Uno de ellos y será vital en el cine de Eisenstein es la ausencia de protagonistas; los movimientos colectivos son los que mantienen el relato y la exaltación. La inserción de metáforas visuales dotadas de una fuerza especial debido a su montaje (los marineros colgados del palo, los soldados sin rostro, el león de piedra que despierta).

Desde entonces Eisenstein se hizo famoso como alguien que enaltecía la revolución del proletariado, pues no solo mostraba la película más representativa de todo el cine revolucionario soviético, también se erige como una de las más notables e influyentes del mundo cinematográfico. Con gran éxito en el extranjero como pieza innovadora, atrevida y artística la película logró su cometido, no sin antes exaltar la conciencia de aquellos que iban en contra de la ideología comunista; fue censurada y prohibida en algunos países acusada de revolucionaria.

Sin embargo es notable que el trabajo fílmico trascienda aquellos dilemas, no por nada ha sido la influencia de importantes directores contemporáneos que rinden tributo al genio del montaje; casos como Woody Allen (Bananas,1971), Francis Ford Coppola (El Padrino, 1972) o Brian de Palma (Los intocables, 1987). Hablamos de una de las secuencias más importantes de la película, las escaleras de Odesa y la carriola. En esa secuencia se combina la masacre colectiva con las historias individuales de las dos mujeres que enfrentan una tragedia: la mujer que ve a su hijo herido y lo coge en brazos frente a los soldados y la que, al ser alcanzada por los disparos, empuja el carrito de su bebé escaleras abajo.

Eisenstein busca unir el fondo y la forma, es decir, el mensaje revolucionario con una estética que provoque una sacudida en los espectadores con la abundancia de planos de detalle, muchos de los cuales dan verdadero valor simbólico, acentuando el dramatismo de la acción, donde pone en práctica su teoría del montaje de atracciones, recurso de continuidad de la narración. De igual manera usa la yuxtaposición de los planos para provocar emociones (montaje de choque) o para que las imágenes trasciendan lo narrado y expresar conceptos más elevados (montaje intelectual).

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