El aliento de Dios; la voz de ellas

Autor: Marcos Aguirre Salcedo

El aliento de Dios; la voz de ellas

Durante siglos la religión católica ha sido regida por una estructura y jerarquía patriarcales. Sus gobernantes, por tradición, han sido hombres: papa, arzobispo, obispo y sacerdote. Las mujeres, que actualmente constituyen la mayoría de miembros dentro de la institución eclesiástica, siempre han sido desplazadas a un segundo plano, oprimidas y subordinadas a la figura masculina.

¿Cuál ha sido el papel de la mujer dentro de la Iglesia?, ¿dónde se encuentran ellas mientras sus representantes aparecen en los medios de comunicación?, ¿qué piensan y sienten?, ¿qué tienen que decir? Estas preguntas son las que Isabel Cristina Fregoso Centeno responde en su documental El aliento de Dios (México, 2007), reuniendo los testimonios de mujeres consagradas, monjas, beatas, misioneras y teólogas.

Para estas mujeres entregarse a la vida religiosa lo es todo; se entregan a Cristo sobre todo lo demás. Bajo las órdenes de Dios ellas sirven a su pueblo. Las monjas y misioneras han servido a los hombres primero y luego a ellas mismas. El cambio de pensamiento que se ha dado al interior de la Iglesia en los últimos años ha imperado en las acciones de ellas, pues plantean una igualdad de derechos y romper con la jerarquía patriarcal, aunque señalan que esto podría lograrse dentro de varias décadas.

Las religiosas, preocupadas por las mujeres, han puesto en práctica medidas dentro de sus mismas órdenes para educar, no sólo en las ciudades sino en varias comunidades, a consagradas y creyentes respecto a temas como el feminismo, género, patriarcado y derechos humanos. Se trata de una politización de un sector discriminado y marginado ante una triple opresión: capitalista, eclesiástica y de género.

El pensar y la sensibilidad que tienen estas mujeres crean inherentemente una visión propia de Dios desde la feminidad, “un rostro femenino de Dios” que es necesario en la actualidad dentro de la Iglesia y desde un punto de vista teológico. A través de sus palabras, hablando de experiencias más íntimas sobre su consagración y su fe, transmiten una potencia femenina diferenciable de la masculina. Ellas se expresan ahora con su propia voz y no a través de la voz de alguien más.

El aliento de Dios sigue presente, la fe de las personas sigue ahí, a Iglesia regida por una élite patriarcal toma provecho de esas creencias para mantener su poder. Por lo que hay que seguir viendo cada movimiento religioso con crítica y esperar que la lucha interna dentro de la Iglesia, iniciada por las mujeres consagradas, consiga sus pretensiones y que su voz siga escuchándose.

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