El cielo nocturno como el celuloide de Gabriel Figueroa dentro del cine de Emilio Maillé

Autor: Gerardo Guadarrama Nájera

El cielo nocturno como el celuloide de Gabriel Figueroa dentro del cine de Emilio Maillé

Emilio Maillé introduce a Gabriel Figueroa en Miradas Múltiples (México, 2018) no sólo como un maestro de la cinematografía, sino como un mexicano que quiso poetizar la cotidianidad de la vida rural y de la ciudad de su tiempo. Apoyándose en cámaras y equipo de filmación muy rudimentario para nuestra época, y sin las facilidades técnicas de hoy en día, logró sensibilizar su material negativo con la luz como si fuese un lienzo pintado con minuciosidad sin descuidar el rango de escala de grises del celuloide filmado. Cada rostro y cada gesto que tenían los personajes que plasmó generaban sensaciones en el espectador que pocos de los cinematógrafos de su tiempo podían igualar o superar.

En el documental sobre Figueroa los grandes cinefotógrafos contemporáneos -como Christopher Doyle- lo reconocen por su enorme intuición de dónde colocar la cámara y su gran apego a la tierra que lo vió nacer, que tiene un indudable sello mexicano. Un fotograma de Figueroa es indiscutiblemente un precinto muy personal, pues su mirada no solamente era contemplativa, sino narraba los altibajos de los personajes en un momento donde el blanco y negro generaba más sensaciones que la misma saturación de los colores, las cuales, en diversas ocasiones generaba distracción y cúmulo de información reflejadas en las películas de la década de los años setenta y hasta nuestros días, según el propio cinefotógrafo Vittorio Storaro.

Las sombras y los contrastes no solo permitían en sus películas percibir los espacios y las texturas de los lugares, sino que también reflejan el miedo, el odio. la esperanza y los anhelos de los personajes que transitan a lo largo de más de 200 filmes que realizó.

Su puesta en cámara fue precisa y fiel a las historias de los múltiples directores con quienes trabajó. La miniatura de los personajes frente a los grandes planos del paisaje y del cielo reflejan la pequeñez del ser humano en el mundo, el indiscutible modo de reflejar personajes más entrañables y sensibles, eso sin duda lo hace que los directores de fotografía concuerdan que Figueroa se hiciera un mentor inigualable.

Sin duda, el documental de Maillé refleja cómo los cinefotógrafos más destacados de los últimos años reconocen al ojo de Figueroa como una influencia indiscutible de técnica, estilo y sello trascendental de aquellas las películas que fotografió.

En su nueva película Poetas del Cielo (México, 2018), el director Maillé mistifica también en un documental el retrato del arte de la pirotecnia en cinco países. Tal como los fotogramas de Figueroa, la pirotecnia se presenta como un juego de destellos y luces efímeros para el ojo, pero persistentes en la memoria del ser humano.

Ambos documentales coinciden en enaltecer un trabajo artístico que necesariamente implica un elaborado conocimiento y pasión para llevarlo a cabo, que sin duda incita al espectador a conscientizar el arduo trabajo del arte.

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