El hambre adolescente de Voraz

Autor: Edgar Aldape Morales | Cineteca Nacional

El hambre adolescente de Voraz

En un principio se pensó en un filme que desencadenaría shock total debido a las reacciones del público ante su proyección en el Festival de Cine de Toronto en 2016. Así que cuando llegó a México como parte de la 62° Muestra Internacional de Cine en la Cineteca Nacional, las expectativas de esta historia sobre canibalismo, sangre y adolescencia provocó una especie de morbo colectivo que abarrotó las salas del recinto ubicado en el barrio de Xoco. La ópera prima de la directora francesa Julia Ducournau adquirió fama instantánea por exponer gráficas escenas violentas que parecían revitalizar el cine de horror a partir de una transgresora puesta en escena. No obstante, Voraz (Grave, 2016) no es ese tipo de película.            

Al contar la historia de Justine, una chica de 16 años de familia vegetariana, quien al ingresar a la facultad de veterinaria se ve obligada a comer carne cruda, acto que tendrá consecuencias fatales, Ducournau incita a la provocación que supondrían los relatos de este tipo; abordándola desde una arista diferente que hace hincapié en el fresco rigor del cine de autor europeo. Si bien en Voraz existen referencias a Carrie: Extraño presentimiento (Brian de Palma, 1976) y Feroz (John Fawcett, 2000), la directora prefiere confeccionar un llano retrato sobre la honestidad y descaro de la juventud contemporánea, a partir de una trama que funciona como una metáfora sobre el hambre adolescente.             

Voraz se desarrolla como analogía de la madurez que encuentra su raíz en el rechazo juvenil a las normas sociales, culturales y familiares. Con una serie de personajes –Alexia, la hermana de Justine; Adrien, el amigo gay que deja fluir su orientación sexual sin caer en el estereotipo, y hasta la propia Justine– que navegan en una escuela donde los cuerpos en lugar de ser destazados son sexualizados de forma cruenta, el despertar de la protagonista y las consecuencias tras descubrir la carne fresca reflejan la desilusión y enojo que impera en la juventud actual, muchas veces confrontada con la normatividad de los adultos, casi inexistentes en la cinta.            

Ducournau realiza un filme que reinterpreta las reglas del subgénero coming on age a partir de una mirada femenina que evita caer en la victimización y prefiere rescatar la vena artística del cine de horror –no la expresión estética propia del slasher o el gore– para así dar voz a la honestidad adolescente de nuestros días. Voraz es un ejercicio que permite pensar al cine como vehículo de reflexión, entretenimiento y, por qué no, un poco de sangre, elemento que tanto ha cautivado a espectadores de diversas generaciones.

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