El placer es mío y el desgaste del deseo

Autor: Marcos Aguirre Salcedo

El placer es mío y el desgaste del deseo

En El placer es mío (México, 2015), tercer largometraje dirigido Elisa Miller, ganadora de la Palma de Oro a mejor cortometraje en el Festival de Cannes por Ver llover (México, 2006), se muestra la historia de la joven pareja conformada por Rita (Flor Edwarda Gurrola) y Mateo (Fausto Alzati), quienes deciden irse a la casa de campo del recién fallecido padre de él, ubicada en el municipio de Huitzilac, Morelos, con el pretexto de escapar del caos de la ciudad para comenzar un estilo de vida más tranquilo y pueblerino; al mismo tiempo que formalizan su relación.

La vida en pareja, la rutina, la monotonía y el conflicto provocan entre Rita y Mateo el desgaste del deseo, de aquello que primero los hizo unirse y formalizar su compromiso. La cámara se inmiscuye dentro de su casa y los espía, vemos imágenes de Mateo arreglando un viejo automóvil, de Rita intentando concentrarse en sus estudios, de la compañía animal, de los huevos que se preparan en el desayuno, de sus sesiones sexuales más contractuales que deseadas y de sus discusiones que van desde el buscar veneno para ratones hasta el plantearse concebir un hijo.

Las fricciones entre los protagonistas llegan a su límite cuando Alexis (Camila Sodi), prima de Mateo, arriba a la casa vecina junto a su hija Vanina (Victoria Viera) y su acompañante (Juan Barberini). Y es que la tensión entre Alexis y Mateo sugiere una relación en el pasado que se desenmascara en una reunión familiar. Incluso la madre de Rita en una repentina visita es capaz de empatizar con su hija y advertirle.

El placer es mío (o fue un placer, como lo sugiere el título) se vuelve un viaje íntimo de una relación que está por llegar a su fin, una relación agotada que dejó de llenar el vacío de los protagonistas y que evidenció el sinsentido del placer carnal sin deseo. El desgaste se fue gestando desde el comienzo: la primera imagen es la de los protagonistas, en un plano medio, sin mirarse y contemplando el horizonte y la última imagen es la de un automóvil desarmado, como una analogía a la fugaz y problemática relación entre Rita y Mateo, que nunca terminó de componerse.

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