El regreso del muerto

Autor: Katia Morales Gaitan

El regreso del muerto

Desde un pequeño país del fin del mundo, Uruguay, la Suiza de Latinoamérica, Gustavo Gamou llega a México en el ‘99. Vino a estudiar cine al CCC porque allá, su maestro César de Ferrari, quien le impartió un taller de realización y a su vez había sido compañero en Checoslovaquia de Juan Mora Callet, le había platicado de la escuela. Gustavo sabía de la larga historia del cine mexicano y como la UNAM estaba en plena huelga, aplicó y se quedó en el CCC, desde ese momento comenzó su fascinación por el cine documental y es un director al que no hay que perderle la pista.

El FICUNAM le otorgó el Puma de Plata por mejor Película Mexicana con su largometraje El regreso del Muerto, además El Festival Internacional de Cine de los Cabos, también le reconoció con una mención honorífica en su edición 2014 y un año antes, ahí mismo ganó el premio Splendor Ominia- Mantarraya por mejor work in progress, apoyo que resultó clave para finalizar el documental, pues la parte de financiamiento del filme, fue todo un desafío. Además, gracias a la amistad de Gustavo con Elisa Miller, Yibrán Asuad y Alejandro Durán sus productores ejecutivos, esta película se completó magistralmente.


Gustavo ve al documental como un medio de expresión, como un modo de hacer películas, y a la eterna discusión entre los límites del documental y la ficción, piensa que no existe tal separación, y dice haberse acercado a él por la influencia de sus maestros, especialmente de Nicolás Echevarría y de Everardo González:

“...fueron gente que me influenció mucho y encontré una forma de hacer películas, yo no veo tanto la barrera entre documental y la ficción, para mi es una forma de hacer una película, claro lo hago con hechos reales, con personas que están viviendo esa realidad...”

El regreso del Muerto es la historia de los últimos días de Rosendo, un sexagenario arrepentido y culposo en un albergue temporal para deportados, migrantes, drogadictos, ex-prisioneros, prostitutas y un carnaval de personajes marginales de la frontera de fronteras: Tijuana. Como muchos lugares transitorios, este sitio es un limbo, un no lugar.

Lo remarcable del film, es que a pesar de abordar un tema sumamente complejo, su director, Gustavo Gamou, se aleja a toda costa de la prono miseria. Permanece enfocado en las grandes paradojas de su personaje, le sigue de manera íntima, logrando capturar sus miedos, miserias, y arrepentimientos, siempre con una narrativa que de algún modo conecta con la vertiente del cine directo.

Esta odisea arrancó cuando Gustavo conoció en la frontera a un hombre de Sinaloa deportado que no tenía un sólo centavo, le compró a él y a sus amigos un pizza. En un viaje posterior, este señor lo reconoció en la calle y lo abordó:

-Hey! ¿te acuerdas de mi? ¿nos compraste una pizza?. Me acordaba, era la persona de Sinaloa. Le pregunté -¿y la banda? - No pues de la banda que conociste: unos se cruzaron a Estados Unidos, otros se regresaron para su pueblo, y yo me quedé acá.

"...El lavaba coches, nos fumamos unos cigarros y de repente apareció Rosendo, llorando como un bebé, borrachisimo. Yo en ese momento estaba con Diego, mi productor de línea, de campo, como el jefe de producción, como quieras llamarlo, y nos hace señas, que nos acerquemos; y entonces él hablaba y hablaba, era como un dictado del subconsciente, de sus culpas y sus remordimientos. A raíz de eso fue que decidimos filmar ahí, con todos los del grupo, y a medida que fue pasando el tiempo, Rosendo fue cobrando protagonismo. Así salió esta película..."

Gamou se ganó su simpatía y comenzó a gestionar todos los trámites para comenzar su rodaje:

“...Al principio nos veían con desconfianza: nos veían güeritos, frontera, entonces claro, border patrol, ¿no? Yo sólo filmaba con ellos, cuando había otros dejaba de hacerlo. Sólo filmaba a los que yo elegí y al final se dio vuelta todo, me decían: ¡hey! ¿por qué no nos filmas a nosotros? Entonces la cámara se había vuelto una especie de confesionario de la gente que vivía ahí, que era gente que vivía en el limbo, que estaban esperando la muerte de alguna forma…”

Durante el rodaje, que duró tres años, Rosendo y Gustavo generaron todo un vínculo personal. Cuando filmaba a otra gente del albergue, se enojaba y protestaba : “... subía al segundo piso del albergue y se ponía a saltar para que no pudiéramos filmar por el ruido, no le gustaba... me decía, - porqué aparece él si es mí película…” Lo tenía clarísimo. Rosendo es un viejo atrapado entre los fantasmas de su pasado, el alcohol y las drogas, vive en un estado anímico depresivo y en total soledad. Sus amigos se van muriendo y con el resto de los habitantes del albergue, que son mayormente jóvenes; no se entiende, al grado que termina hablando con un ratón al que le comparte alcohol en una corcholata y lo bautiza como “ratón borracho”. Vemos a un hombre atrapado en una especie de loop, del que no puede escapar “...era como una serpiente que se va mordiendo su propia cola, pero bueno, como dice el dicho, para muestra de la botonera, basta un botón…” afirma Gustavo.

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1 comentario

gran película, uno de los mejores documentales mexicanos que he visto recientemente