#FICM2019: Esto no es Berlín de Hari Sama

Autor: Javier Martínez Ramírez

#FICM2019: Esto no es Berlín de Hari Sama

Luego de su gran recorrido por certámenes internacionales como el Festival de Sundance, Tribeca Film Festival, San Sebastián, entre otros; llega este año a la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Morelia la más reciente película del realizador mexicano Hari Sama.

¿De qué va?

Carlos, un joven de diecisiete años, comienza a darse cuenta que no encaja en ninguna parte, pero todo cambia cuando lo invitan a un club nocturno mítico llamado Aztec, ubicado en las periferias de la Ciudad de México. A través de esta experiencia, descubre el universo de la vida nocturna subterránea llena de punk, libertad sexual y drogas que se vivió en el país durante la década de los años ochenta. Sin embargo, este mundo de artistas radicales, performance y discriminación sexual lo pondrán a prueba de los verdaderos ideales del protagonista.

¿Quién está detrás?

El realizador mexicano Hari Sama, quien nos ha sorprendido con películas como Despertar el polvo (México, 2013) o en su camino a través del documental con Ya nadie toca el trombón (México, 2016), llega ahora con esta propuesta basada en sus vivencias, cargada de reflexiones a todo volumen del pospunk y la contracultura radical de la época. 

¿Quién sale?

En el filme vemos desfilar a talentosos jóvenes actores como Xabiani de León, Mauro Sánchez y José Antonio Toledo, así como a otros grandes como Marina de Tavira —nominada al Premio Oscar por Roma (México, 2018)—y hasta el propio director Hari Sama, con una entrañable actuación que le da una carga particularmente emocional a la historia.

¿Qué es?

Una carta de amor a la época de los años ochenta en México que tanto marcó e influyó al realizador y a su generación, pero también es un retrato de la cultura radical que se vivió en la época y principalmente de la búsqueda de la juventud por encontrar un lugar en medio de toda la efervescencia social que se vivió durante esos años. 

¿Qué ofrece?

Una especie de docuficción a todo volumen con punk, vivencias personales, performance y una incómoda pero necesaria reflexión del lugar y la huella que ocupamos dentro de nuestro entorno social. Fuerte contendiente al premio a mejor largometraje mexicano de la más reciente edición del Festival Internacional de Cine de Morelia en su 17° edición.

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