Gabriel Figueroa, una mirada de contrastes en el cine mexicano

Autor: Marcos Aguirre Salcedo

Gabriel Figueroa, una mirada de contrastes en el cine mexicano

“Estoy seguro de que si algún mérito tengo, es saber servirme de mis ojos, que conducen a las cámaras en la tarea de aprisionar no sólo los colores, las luces y las sombras, sino el movimiento que es la vida.”

Gabriel Figueroa, al recibir el Premio Nacional de las Artes en 1971.


No puede pensarse el cine mexicano realizado entre finales de la década de los 30 y finales de los años 50, la llamada época de oro, sin la apasionada entrega de cineastas visionarios, guionistas nacionalistas, actores y actrices con gran presencia y sin uno de los dos cinefotógrafos más sobresalientes de esos años: Alex Phillips y Gabriel Figueroa.

Figueroa, nacido en 1907 en la Ciudad de México y dejado a cargo de sus tías luego de la muerte de su madre, se interesó muy joven por la fotografía. A sus veinte años ya trabajaba en un estudio profesional y a sus veinticinco comenzaba a participar en producciones cinematográficas, primero como fotógrafo para difusión del rodaje, luego como operador de cámara y finalmente como cinefotógrafo suplente.

Gabriel tuvo la suerte de tener a grandes maestros durante su etapa temprana. El primero fue Alex Phillips, canadiense que consagró su trabajo en México y con quien tendría una relación de amistad. Otro fue Eduard Tissé, cinefotógrafo de cabecera de Sergei Eisenstein, con quien trabajó en conjunto en la inconclusa película ¡Qué viva México! (Estados Unidos y México, 1932). Luego de ser becado en 1935 para estudiar en Hollywood, tendría como maestro a Gregg Toland, célebre por la invención de la profundidad de campo en Ciudadano Kane (Estados Unidos, 1940), dirigida por Orson Welles.

Con la fusión de elementos del cine formalista ruso y del cine americano-europeo, además de su propia visión, estaba ya preparado para dirigir en solitario. Fue en 1936, a sus 29 años, cuando fue encomendado por Fernando de Fuentes como director de fotografía absoluto, en una de las producciones más importantes y que marcarían el rumbo de la Época de oro: Allá en el rancho grande.

Figueroa estuvo involucrado en más de 200 películas, siendo director de fotografía en grandes clásicos del cine mexicano. Colaboró varias veces con cineastas fundamentales de la época de oro, como Emilio Fernández, Fernando de Fuentes, Miguel M. Delgado, Roberto Gavaldón, Julio Bracho, Alberto Gout y Luis Buñuel. También trabajó para directores extranjeros de alta calidad cinematográfica, como John Huston y John Ford.

El cinefotógrafo inmortalizó en la sensibilidad de su ojo a las dos grandes actrices del cine de oro: María Félix y Dolores del Río. Captando sus mejores momentos, siendo memorables los primeros planos a sus rostros, el de dureza y determinación de María y el de ternura y misterio de Dolores. También inmortalizó los rostros masculinos de Pedro Armendáriz y Arturo de Córdova. En la captura de rostros se refleja la influencia de Rembrandt sobre Figueroa: usando claroscuros.

Predominan los contrastes de todo tipo en su fotografía: de luces tenues y duras, de blancos y negros, de cielos y tierra, pastizales y nubes, de miradas. Componiendo dentro de su cuadro elementos tan propios de los paisajes y cultura de México. Estableciendo así los valores e imaginario del cine mexicano nacionalista de esos años.

No podría pensarse el cine mexicano sin Gabriel Figueroa, pues directores hubo en demasía, grandes producciones también. Pero cinefotógrafos de su talla, sólo él.

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