Gloria, una melodía de empalagosa soledad

Autor: JJ Negrete

Gloria, una melodía de empalagosa soledad

En el cine pareciera ser que la vida termina después de cierta edad, particularmente después de los 30 o 35 años. La obsesión por la juventud, el vigor, el candor y el dinamismo parece una enfermedad crónica que afecta la percepción de una cada vez más impresionable audiencia, que se aferra neuróticamente y con fuerza a la ilusión de juventud, creando para ellos mismos una prisión de soledad y frustración emocional, una adolescencia perpetua. La protagonista del filme chileno Gloria (2013), parece padecer una condición similar, aun experimentando ya, la menopausia. 

Gloria, interpretada con una fina mezcla de dureza y vulnerabilidad por una estupenda Paulina García (acreedora al premio a la mejor actriz en el Festival de Berlín), es una madre divorciada que está en una constante búsqueda del “yo” que se fue junto a su ex pareja y su hija, quien se encuentra a punto de casarse con un extranjero. La distancia es una amenaza permanente para Gloria, quien acostumbra bailar sola, desorientada y ansiosa, en clubes al ritmo de una nostálgica canción de disco, mientras pretende encontrar quién le regrese la identidad perdida. Así es como conoce a Rodolfo (Sergio Hernández), un padre divorciado con el que de inmediato inicia un tórrido romance.

Gloria, junto a Rodolfo, descubre la reaparición de emociones familiares que creía extintas, pero junto a estas emergen esbozos de decepciones, rupturas y confusiones que destapan las ambiguas, y por momentos desesperantes, convicciones emocionales del ser humano. 

El director chileno Sebastián Lelio ha forjado su carrera cinematográfica en la exploración de los misteriosos derroteros de la experiencia emocional, llevándola de su cariz más abstracto e intrincado en un filme como La Sagrada Familia (2006), sobre la erosión de una familia chilena, hasta su más expuesta y cruda esencia en El año del Tigre (2011), filme que explora los efectos del cataclismo del terremoto y tsunami en Chile en el 2010; siempre tomando como eje una mesurada e inteligente exploración en diferentes estratos de la sociedad chilena, particularmente de una generación de adultos que vienen de una terrible dictadura y sus hijos, absortos por los delirios de globalización y su necesidad de totalizar la experiencia.

Lelio traza finamente estas cuestiones y reflexiona sobre las mismas en Gloria, tomando a su personaje central y sus similares, no como víctimas de un sistema político autoritario, sino como los hijos inmaduros y emocionalmente dependientes del mismo, que recriminan la tajante indiferencia de la generación actual en este delicado estudio burgués. 

El filme es apropiadamente cohesionado por interludios musicales de pop rosa que incluyen la feminidad aural estilo disco del trío femenino chileno Frecuencia Mod, la vivaz melancolía de una versión bohemia de Aguas di Marco, el desparpajo alegórico de un Twist del esqueleto y su socarrona imagen de la muerte, la belleza de la propia identidad con la cantante Rita Lee y su Lanca Perfume que culmina en la celebratoria individualidad del éxito de la música disco, Gloria. La banda sonora del filme arma un continuo lógico para el proceso emocional de Gloria, representando una pieza fundamental para entender los cambios emocionales a los que la protagonista se ve expuesta. Una melodía de empalagosa soledad.

En el rostro de Gloria podemos ver toda una coquetería ya fatigada, la reducción del espíritu a la eterna divagación, indiferente ante cuestiones existencialistas que se presentan en una sofisticada conversación de sobremesa, en la que se contempla constantemente el fondo de una copa de vino. La propuesta de Lelio deja ver que el descubrimiento personal se da en ese reconocimiento integral del sí mismo. Siendo que en el cine la vida parece esfumarse después de los 35, en el filme la revelación llega en la contemplación del reflejo, independientemente de la edad que se tenga. 

Hay una escena en la que una empleada doméstica que trabaja con Gloria le habla sobre el génesis de los gatos, seres solitarios y emocionalmente lábiles. Dice que cuando se detectaron ratones en el arca de Noé, Dios hizo estornudar a un león y de aquel estallido salieron dos gatos. Actualmente, mientras el gato persigue al elusivo ratón, la gata, al verse en el espejo, regresa a las narices del león.


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