Hermosillo y Hofmann: con "H" de herejía

Autor: Ro. Jim.

Hermosillo y Hofmann: con "H" de herejía

Para disfrutar de manera gratuita por 24 horas, en colaboración con Procine, estará disponible Matinée (México, 1976) de Jaime Humberto Hermosillo el 15 de agosto y Halley (México, 2012) de Sebastián Hofmann el 16 de agosto. Dos realizadores mexicanos que exploran contraposturas a dogmas sociales que se consolidan más allá de lo religioso, en formas distintas y con tonos diametralmente opuestos, pero erigiéndose heréticamente fuera de convenciones y estándares fílmicos comunes.

Hermosillo ofrece una sacrílega sensacionalista peripecia casi autoinducida por Jorge y Aarón, un par de niños hidrocálidos que tras frustrar sus deseos fílmicos al ser capturados escapando de la escuela para ir a la matiné, deciden inventar su propia película de la vida real, engañando al padre de Jorge en un viaje de mudanza a la Ciudad de México, cuando en el camino son interceptados por un par de ladrones que planean un golpe a la feria de Chapultepec, desatando una serie de increíbles enredos.

En una atmósfera que cada vez se vuelve más inverosímil, se narra un thrillermanicómico de visión infantil no infantilizado, que bajo la capa de una historia de ladrones deja entrever de manera sutil, manifestaciones de los siete pecados capitales y demás revelación de “herejías” en una sociedad incuestionablemente religiosa. Desde algunas aparentemente inocentes que revelan la gula de los niños (“¿y para qué tantos gansitos?”), pasando por la clarísima avaricia de los ladrones (“Primero hay que repartir la billetiza”), hasta la lujuria de la vecina (“El trato fueron cien pesos, por el original de carne y hueso”), y la  sugerida relación homosexual entre los rateros vestidos de sacerdote (“¿Te acuerdas? ¡Qué padre nos la pasamos en el bote!”), por lo que no sorprende que enfaticen tanto a los niños la lucha contra estos, durante el catecismo que ignoraron para trazar su plan aventurero a una demónica ciudad.

Hofmann presenta con un gran trabajo de maquillaje, la desaturada anécdota hostil de colorido cadavérico que plasma las ultimas andanzas de Beto, un extraño muerto en vida que desempeña un infructuoso y monótono trabajo como guardia de seguridad en un gimnasio bajo la jefatura de la pasivo-agresiva Chivis, sin encontrar la forma de no permanecer más con vida.

Un zombie que es señalado por su disgusto a la existencia, como hereje de una comunidad que adora la vida y el goce religiosamente.  Una herejía ante sus compañeros cristianos (“…No sufren los enfermos, solo sufren aquellos que están alejados de la gloria de Jesús nuestro señor”), ante su jefa en su tempo del placer (“Yo quiero que te pases bien, hay que disfrutar, hay que pasársela bien”), y hasta el tanatopractor que lo descubre vivo en la morgue (“Eres muy afortunado”). Una herejía al encontrarse pútridamente carnal en medio de las luces celestiales que entran por las ventanas de la iglesia, al encontrarse sin temor en medio de la oscuridad con una narración del ciclo del cometa Halley que comenta lo irrelevante de la existencia al encontrarse respirando sentado desnudo casi maldiciendo su respiración. Una herejía social de la indiferencia total de un protagonista que llega hasta la apostasía.

Publica un comentario

Sin comentarios