La confrontación de los lazos familiares en el cine de Ignacio Ortíz Cruz

Autor: Bianca Ashanti González Santos

La confrontación de los lazos familiares en el cine de Ignacio Ortíz Cruz

Para poder definir el cine de Ignacio Ortiz Cruz, irremediablemente tenemos que hablar sobre realismo mágico. Sus paisajes nos remontan al desolado pueblo de Comala en cada largometraje, donde las escenas impregnadas de misticismo nos hacen recordar la delgada línea que divide la vida y la muerte, dentro de un México fantasmal que existe entre sombras.

Con cada guión, el realizador oaxaqueño ahonda en las relaciones consanguíneas que unen a las familias, más por obligación que por afecto. La traición que resulta inherente al ser humano y la esperanza a la que se aferran cuando todo lo demás se termina, se convierten en los pilares fuertes de cada trama. El cineasta y guionista construye personajes sólidos y verosímiles, que comparten entre sí el beneficio de la incongruencia. Aquí nadie es completamente bueno o malo, todo es una mezcla.

Con Ortíz nos volvemos parte de un ejercicio vouyerista que nos ayuda a contemplar el mosaico de realidades que componen estructuralmente a una sociedad llena de sueños, culpas y miedos. Tal como lo plasmaría en El mar muerto (México, 2010), donde nos volvimos testigos de la descomposición del tejido social, que permea en cada una de sus historias, unidas por la injusticia, el desamparo y la marginación.

El director de A la orilla de la tierra (México, 1994) sabe cómo construir partiendo de la nada, del silencio y de la oscuridad; transgrede los clichés y el folclor nacionalista, tan propio del cine mexicano, y logra llegar a una representación clara del mestizaje, donde sus personajes son confrontados constantemente por una realidad que los rebasa.

Sea cual sea la historia central del filme, el contexto de la violencia, la esperanza y la muerte siempre están presentes. De esa forma construye un estilo propio que destaca por su técnica sombría y su forma de testimoniar la decadencia, donde toda relación pierde su sacralidad.

En el 2004 Mezcal (México) llegó a reforzar este estilo, entrelazando historias cuyo único punto para converger resultan ser el dolor y un buen trago. Placebo que resguarda los miedos y las penas de los visitantes de Parián. Un pueblo perdido, donde el tiempo no corre y las tristezas son aliviadas por una vieja mujer a la que lo único que le queda es morir.

Estos ambientes oníricos le sirven al cineasta para equilibrar cada filme, mediante la incursión de personajes que son llevados al límite por su entorno; sobrevivir en el cine de Ortíz es una meta que no se puede lograr sin antes cuestionarse la forma en que la marginación, el rezago y el dolor cambian a las personas. Una mirada horizontal que carece de juicios para intentar entender otras realidades. 

Estos parámetros resultan ser la base fuerte de cada historia contada. En Traición (México, 2018), su más reciente largometraje, las inquietudes sobre el amor filial regresan (más fuertes que en sus anteriores filmes) para intentar romper con los tabúes de las relaciones familiares, ¿no es acaso la traición algo normal y, prácticamente, inherente de las relaciones humanas?

Los ambientes de sus historias cambian incesantemente, pero conservan ese dejo de misticismo que lo caracteriza. Las referencias a Juan Rulfo parecen adaptarse a las nuevas narrativas del director; la búsqueda del padre, el regreso a un pueblo que esconde un pasado triste y la incertidumbre de una identidad no conocida, son elementos que se hacen presentes en el filme y que logran llegar a su punto eclipsante al ser contextualizados dentro de la realidad de un país que ha sido absorbido por el narcotráfico y la corrupción.  

Al final, su filmografía muestra un proceso evolutivo, convirtiéndose con cada nueva cinta en un análisis social más profundo que se realiza a partir de la mirada artística de un hombre que vive bajo sus propios conceptos de moral, ética y amor. Traición (México, 2018) se articula como un filme que responde a las ya conocidas inquietudes del cineasta, sin embargo, las historias siguen cambiando, mostrándonos nuevas perspectivas y formulando preguntas sobre la legitimidad de las normas morales dentro de las diversas estructuras familiares que se crean a partir de una sociedad descompuesta.  

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1 valoración

efe_castaneda

Hace tiempo que ví Cuentos de hadas para dormir cocodrilos. En ese entonces, no comprendía el realismo mágico como esa búsqueda de uno mismo a través de la memoria. Y que necesario es comprenderlo hoy. Gracias por recordarnos que tenemos trabajo pendiente más allá del cotidiano.

22 abril 2019