La creatividad cinematográfica a través del color

Autor: Gerardo Guadarrama Nájera

La creatividad cinematográfica a través del color

Sin luz no hay cine. Se podría decir que la luz es la esencia de éste, incluso antes que el movimiento en sí. Los pioneros del cine realizaron una labor enorme de creatividad con muy pocos elementos técnicos que derivaron en  luces y sombras, contrastes y perspectivas. Donde contaron con únicamente dos colores para relatar sus historias y se las ingeniaron para que éstas fueran lo más comprensibles y, a su vez, generaran atmósferas que provocaron emociones en sus espectadores. Poco a poco el color se utilizó no solo como un elemento estético sino narrativo y emocional dentro de los filmes silentes y los primeros sonoros. La imagen se mantuvo monocromática, pero comenzaba a tener tintes de diversas tonalidades tales como el azul, el naranja y verde; se comenzaba a percibir, por ejemplo, una nueva manera de representar el día, la noche o los sueños.

Más adelante las películas, eran coloreadas a mano, pero para cada hora de duración se llegaban a pintar hasta 90,000 fotogramas, por lo que el método no funcionó por mucho tiempo.

Con la llegada del color y el sonido el cine amplió sus panoramas narrativos y creativos. En 1901 el fotógrafo Edward Turner creó el primer sistema de color en una película: después de filmar en blanco y negro construyó un proyector que tenía filtros verdes, azules y rojos y con eso se lograron las primeras imágenes a color en el cine, bastante avanzados para su época.

En la actualidad parece sencillo pensar en el color de las películas realizadas en digital con sensores que reaccionan a estos tres colores, pero en diversas ocasiones se ha perdido ese minucioso trabajo de los cineastas pioneros con la utilización de la luz. Emilio Maillé explica en su documental Miradas múltiples el enorme talento del cinefotógrafo mexicano Gabriel Figueroa. Su labor no sólo fue colocar la cámara y que la situación ocurriera frente a sus ojos sino que en sus filmes se pudieran apreciar desde las suaves curvas de las nubes hasta el tenue color de los ojos de los personajes, lo que permitía una narrativa mucho más centrada en la historia.

El blanco y negro no solo se ha utilizado actualmente como un medio estético, sino narrativo. Remite en diversas ocasiones a la memoria, a librar al espectador de distracciones relacionadas con la saturación de color, de concentrarlo en que observe la composición de los elementos que permiten a la historia avanzar, en los conflictos de los personajes, en los detalles, etc. El listón blanco (Alemania, 2009) de Michael Haneke habla sobre una serie de acontecimientos en vísperas de la Primera Guerra Mundial, donde la época, los objetos, los personajes, el cómo se cuenta la historia sin necesidad de más elementos que el monocromo. Ciro Guerra dijo en una entrevista para el medio de comunicación El Colombiano: “El color opera de una manera abstracta y no creo en su intelectualización, creo que es posible cargar los colores hacia donde uno va y resignificarlos, cambiarles el contenido y la forma. Cada color trae su bagaje y la gente lo relaciona con algo pero es más divertido jugar con eso, más que seguir los dictámenes al pie de la letra”.

Parece arcaico seguir realizado filmes en blanco y negro en pleno siglo XXI, pero para los realizadores más diestros en el quehacer cinematográfico representa una técnica que implica una exhaustiva composición de los elementos dentro del cuadro: profundidad de campo, sombras, luces, contrastes y escala de grises para narrar historias. 

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