La docuficción en 'Los mejores temas'

Autor: Rafael Ramírez III | Zoom F.7

La docuficción en 'Los mejores temas'

La docuficción es un género cinematográfico que reúne elementos de la ficción y del documental. Aún considerado por muchos académicos de cine como un género híbrido, y simplemente rechazado por otros tantos, por considerar equívoca su definición, respaldándose en la idea de que si un filme contiene al algún elemento de ficción o retrata una realidad, pero no pretende dar un discurso informativo o pedagógico, entonces se trata puramente de ficción.

Objeto de constantes debates sobre la verdad misma, sobre el actor y sobre el personaje, la docuficción tiene generalmente dos vertientes fundamentales: en una, el personaje interpreta su realidad dentro de su propio contexto; o bien, el actor, dentro de un contexto totalmente ficticio, tiene escenas de improvisación donde deja de lado a cualquier personaje que pudiera estar interpretando.

A pesar de estos debates, la docuficción, surgió desde inicios del mismo cine, con películas como Moana (1926) de Robert Flaherty o Tabú (1931) del mismo autor en co-dirección con F. W. Murnau. Y al día de hoy sus alcances son interminables. En el cine contemporáneo destacan las obras de Abbas Kiarostami y las primeras películas del argentino Lisandro Alonso.

En México, siendo un país de altas producciones tanto de documental como de ficción, la realización de películas de docuficción es ínfima. Aun cuando en cualquiera de ambos géneros se ha recurrido mucho al uso de actores no profesionales o a la captura fílmica de tradiciones, celebraciones o rituales totalmente reales; poquísimas veces ha sido la intención el crear una obra docuficción.

Desde Redes (1934) de Fred Zinnermann y Emilio Gómez Muriel, hasta Pacífico (2016) de Fernanda Normandía, las docuficciones en nuestro país han sido mínimas. Y un director que se ha dedicado toda su filmografía (en diferentes formas) a este género es Nicolás Pereda (México, 1982).

En Los mejores temas (2012) la trama es sumamente sencilla: tras haber dejado a su familia por una decena de años, Emilio, un hombre cincuenta y tantos años, vuelve a su hogar para encontrarse con su esposa Tere y su hijo Gabino, buscando algo de refugio durante algunos días y al mismo tiempo tratando de recuperar sus relaciones familiares, ora justificando su partida y contando sus hazañas en sus años de ausencia, ora pidiendo perdón por la soledad y olvido en el que dejó a sus allegados.

El joven Pereda, en un lacerante experimento de psicoanálisis y de confrontación con su propia realidad y la de sus actores, elige para encarnar el papel de Emilio (el padre), a dos sujetos elementos de la realidad: por un lado Luis Rodríguez, el padre verdadero de Gabino Rodríguez (actor que interpreta al hijo), y por otro lado a José Rodríguez López, el verdadero tío de Nicolás Pereda.

Así, tales escenas de un padre buscando el perdón y tratando de recuperar la confianza de sus hijos contienen un significado muchísimo mayor, y generan de manera natural una serie de sensaciones en el espectador de estar presenciando una realidad dentro de la vida de la familia.

A su vez, en la primera mitad del filme, el Emilio de Luis, es un padre tímido, bondadoso y lleno de arrepentimiento; y en la segunda mitad, el Emilio de José es un padre vivaracho, bromista y cínico. El experimento de cómo los actores-personajes se relacionan con ambos individuos, hacen de esta una película sumamente interesante.

Los mejores temas está plagada de escenas de improvisación, donde Francisco Barreiro y Luisa Pardo (el amigo y la novia de Gabino, en el filme) juegan un papel fundamental para posibilitar los juegos de diálogos entre la realidad y la ficción, y el protagonismo de Gabino Rodríguez y de Teresa Sánchez, quienes han interpretado durante años a hijo y madre en la filmografía de Pereda.

Otro componente fundamental es el tono de comedia que contrasta con las bochornosas relaciones emocionales propias de la trama. Pereda, en lugar de omitir, evidencia los momentos más cómicos, incongruentes, casuales, simples y a veces tontos, de la vida cotidiana y del actuar humano. Desde los intentos terriblemente monótonos de Gabino y el primer Emilio, en tratar de memorizar los títulos de las canciones que venderán en discos piratas en el metro; hasta los juegos de palabras, propias del mexicano, del segundo Emilio.

Nicolás Pereda es un joven director mexicano que en diez años ha dirigido una docena de películas, ha recibido diversos premios alrededor del mundo y se ha ganado el respeto y la amistad de los cineastas mexicanos. Su estilo radica en el enfoque hacia las relaciones interpersonales familiares, principalmente de la clase media, y radica también en el rescate y exalte (posiblemente sin buscarlo) del género de la docuficción en México.

@RafDivoz estudió Derecho en la UNAM. Cinéfilo, melómano y melólagno. 

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