'La linea general' de Eisenstein

Autor: Ricardo Navarijo

'La linea general' de Eisenstein

El trabajo fílmico de Eisenstein es en cierto modo una muestra de calidad técnica para todo aquel que quiere aprender de cine. Precursor de películas discursivas y politizadas que actualmente son difíciles de agradar a un público que no sea un fanático de la Revolución Soviética, aunque ese no sea todo lo que Eisenstein quería mostrar. El soviético es indudablemente uno de los cineastas más importante de la historia con una filmografía breve pero apasionante. Es el caso de La línea general (URSS, 1929), según el historiador Georges Sadoul, Eisenstein comenzó este film tras el estreno de El acorazado Potemkin (URSS, 1925), pero debió interrumpir su realización para hacer Octubre (URSS, 1928). El título de la película hacía referencia a la línea general del Partido Comunista Soviético en los temas correspondientes al desarrollo rural siguiendo las premisas de la Nueva Política. Eisenstein y Grigori Aleksandrov tuvieron que interrumpir el desarrollo del guión para iniciar Octubre, como parte de las celebraciones del décimo aniversario de la Revolución. Al retomar el proyecto de La linea general en 1928, debido a los cambios en la política agraria, Eisenstein tuvo que incluir nuevas escenas y censurar la intervensión de colectividad campesina traicionando el espíritu original de su historia. Por primera vez en su carrera tendría un protagonista identificable.

En el caso de Eisenstein su fortaleza reside prácticamente en su forma, puesto que la mayoría de sus obras silentes carecen de un protagonista y de un tratamiento convencional para atraer al espectador. La línea general sería su último film silente, posterior a la trilogía de La Huelga (1925), El acorazado Potemkin (1925) y Octubre (1927). 

En La línea general había un tratamiento que se desmarcaba de las anteriores aunque obviamente seguía viniendo impuesto por el partido. A diferencia de sus films anteriores, en este Eisenstein decidió crear un protagonista individual, Marfa Lapkina. Dado que sería la primera vez que utilizaría a una heroína. Tenía que ser un rostro que generara simpatía al espectador y que además denotara su origen proletario. El director buscó durante mucho tiempo entre cientos de candidatas a la idónea.

La historia se situaba en una comunidad rural atrasada en la que se implanta una cooperativa y una serie de avances que acaban beneficiando a los campesinos. Después del desolador contexto inicial en que los campesinos malvivían empobrecidos e ignorantes, se muestra a Marfa, quien representa al futuro y la prosperidad. El resto de campesinos intentan luchar contra su miseria amparándose en la religión, Marfa apuesta por la acción práctica. No es un trabajo fácil, debe lidiar con la incomprensión de los otros campesinos y los interminables requisitos burocráticos.

Como parte de la experimentación, Eisenstein se atreve a mostrar al proletario de forma poco amable. Los campesinos son avaros y quieren llevarse consigo el dinero recopilado en vez de emplearlo en el bien común. Eisenstein no abandona del todo su estilo discursivo y combina la historia de la protagonista con algunos segmentos más abstractos —como el caso del crecimiento del ganado o algunos planos de los campos mecidos por el viento—. Cumple con la fórmula de montaje que ya se había empeñado anteriormente, pero continúa experimentando y descompone algunos planos exhibiendo su estilo personal.

El desenlace está lleno optimismo respecto al futuro de estos campesinos, quienes ya poseen tractores y han dejado atrás sus precarias condiciones de vida. Esto no tendría nada que ver con la realidad, ya que los campesinos soviéticos y su futuro estaba lejos de ser tan próspero.

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