La nostalgia revolucionaria en el cine de Servando González

Autor: Biancha Ashanti

La nostalgia revolucionaria en el cine de Servando González

“La revolución es la serpiente devoradora que arrasa con todo lo que encuentra”.
“El loco” Valderrama.

Han pasado más de 100 años desde que Mariano Azuela escribió la novela Los de abajo y tan sólo 44 desde que Servando González realizó el filme homónimo que, además, contó con la participación del celebre escritor y periodista Vicente Leñero, quien hizo usanza de sus habilidades como guionista —ya manifiestas en Los albañiles (1976) y legitimadas más tarde en La Ley de Herodes (1999)— le otorgaron la veracidad y crudeza que siguen sorprendiendo hoy en día.

La película ambientada durante la ¨heroica¨ Revolución mexicana cuenta la historia de Demetrio Macías, el líder de un grupo de hombres que buscan el beneficio propio con la bandera de la revolución por delante. Macías provee de armas, alimentos y entusiasmo a su séquito de seguidores, que según sus propias palabras “ponen la panza de frente para las balas”, combatiendo envalentonados contra las fuerzas huertistas que les han arrebatado todo.

Más allá de la historia ya bien conocida, la estética narrativa posee dentro de sí los tintes de sinceridad y crudeza responsables de advertir al espectador que ésta no es la historia de “los valientes héroes que nos dieron la patria” y, más bien, es la historia de un pueblo acarreado a la barbarie; un grupo de hombres sin rumbo que aman la revolución sin entender nada de ella. 

González y Leñero aciertan constantemente con un guion que se desprende de cualquier tipo de obligación histórica para mostrar las cosas como eran, con elementos descriptivos que exponen la violencia, los excesos y la injusticia propias de un pueblo que se debate entre la tiranía de su gobierno y los abusos de un movimiento que los utiliza como trinchera.

Al jugar con la mirada del espectador, el director del filme construye personajes reales, un grupo de machos, agresores sexuales, ignorantes y desleales como protagonistas, con quienes irremediablemente se desarrolla una relación de empatía y odio que va acrecentando el interés —un tanto mórbido— de saber dónde terminará su vida.

De esta forma, la crítica social permea por cada una de las rupturas dramáticas del filme, mismas que son acompañadas por una estética maravillosa, a cargo de Ángel Bilbatua (ganador del Ariel a mejor fotografía, por su participación en el filme Perro Callejero, dirigida por Gilberto Gazcón en 1980), quien en cada escena realiza una composición que nos transporta al arte barroco de Rubens, donde la exaltación de las multitudes, la desnudez y el dinamismo remarcan el peso de un thanatos omnipresente durante toda la película. 

Los de abajo, fue un grito de cambio dentro de la monotonía fílmica utilizada para registrar la historia de la Revolución mexicana, una nueva manera de verla donde parece que nunca pasa algo realmente importante, jamás vemos a Villa o a ningún gran héroe, no se libran batallas conocidas, ni tampoco se realizan grandes acuerdos. Las muertes no están llenas de gloria, son tal como son: una bala en el pecho, una herida infectada, un montículo de cuerpos quemados en vía pública y ese es, sin lugar a dudas, su mayor acierto. Contar la historia del pueblo mexicano, aquellos que no entendían porqué peleaban, aquellos que se unían para sobrevivir, aquellos que se abanderaban con una lucha social para robar, matar y violar. Y, finalmente, aquellos que murieron siendo Demetrio Macías, un líder sombrerudo al que la historia registrada en libros jamás recordará ni por sus aportes, ni por sus abusos.

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