La valentía de convertirse en una misma

Autor: Lucía Miranda

La valentía de convertirse en una misma

Cuando se está frente a una película de Xavier Dolan algo incomoda, gradualmente los espacios elegidos por el director para agudizar la trama de sus cintas van cerrándose, y si esta acción no sucede de manera literal a través de los encuadres, se desplaza a la tensión entre diálogos. Quizá sea a la mera similitud que sus historias guardan con la simple cotidianidad lo que a momentos resulta inconveniente. 

En todo caso, esta condición empuja al espectador a la búsqueda de respuestas. ¿De aquello que veo qué es lo perturbador? El cine me devuelve en cierta medida algo que hasta entonces de mí ignoraba. A partir de esta premisa, y aceptada la provocación que el mismo Dolan arroja al público, resulta seductora la posibilidad de leer a los personajes que el director canadiense estructura en clave si no moral, por lo menos psicológica.

En el tercer largometraje del director canadiense, Laurence Anyways (Canadá, Francia, 2012), la maquinaria antes descrita se echa a andar sobre su protagonista, un profesor de literatura que contra todo conservadurismo académico e intelectual decide encarnarse mujer. Es desde este momento que una pregunta dará tumbos en la cabeza de quien mire la película: ¿por qué? 

Previamente a la radical resolución de cambiar de piel, la vida de Laurence transcurre, en apariencia, llena de vitalidad y el desenfreno digno de alguien de 30 años. Fred, su novia, comparte hasta entonces con quien es “él” un mítico romance que se extenderá a lo ancho de una década bajo el que, desde mi punto de vista, será el tema definitivo de la película: hasta dónde se eleva, entre estos dos personajes, el deseo de cada quien. 

Dentro y fuera de Laurence Anyways, el deseo en los personajes de Dolan parece encerrarse en dos categorías, llenas de matices por supuesto: aquellos que le corresponden, tal sería el caso de Laurence o Louis en No es más que el fin del mundo (Francia, 2016); y aquellos que sistemáticamente huyen de sí, tal como vimos en cintas de la talla de Mommy (Canadá, 2014) —en el caso particular del personaje interpretado por Suzanne Clément, quien además de ha erigido como una de las actrices predilectas de Xavier Dolan— o, por ejemplo, en los familiares que acompañan a Louis en No es más que el fin...

Las imágenes de Xavier Dolan en Laurence Anyways evocan durante toda la cinta la nostalgia de lo irrecuperable, aquellos años noventa con sabor a caída del Muro de Berlín, cuya juventud podía pintar con aerosol los muros de sus departamentos en nombre de la libertad. Asimismo se revelan sin punto de retorno para la decisión de Laurence, pues cada paso que camine en adelante para asumir su condición de mujer le alejará del amor de su vida, lo cual deja un rastro amargo —propio de la personalidad del realizador en sus filmes— al dilucidar dos seres que aún queriéndose en demasía no podrán estar juntos; otro arista del drama que tendrá un peso contundente. 

Sin embargo, el largometraje es victorioso. La hazaña de Laurence está en renunciar a cierta zona de confort que su anterior condición le prometía, visible en las primeras secuencias de la película. Representarse y enunciarse como distinta, llevar hasta sus últimas consecuencias la alteridad y desde ahí encarnar, más que el cuerpo de una mujer, un discurso disidente, deja dicho que lo perdido ha de retornar en forma de dicha para con quien determinación cobra la valentía de convertirse en sí misma.

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