Las dictaduras en Latinoamérica a través del séptimo arte

Autor: Bianca Ashanti González Santos

Las dictaduras en Latinoamérica a través del séptimo arte

Plaza París (Portugal, Argentina, Brasil, 2017), el más reciente largometraje de Lúcia Murat, se estrena en Cineteca Nacional después de haberse presentado en la 66° Muestra Internacional de Cine. El filme de la directora brasileña llega, al igual que el resto de su filmografía, con un mensaje crítico sobre las condiciones sociales de Brasil. La mirada audaz con la que Murat ha llevado a la pantalla grande la situación de su país natal ha permeado en toda su obra, convirtiendo la crítica en su sello personal.

Con la ayuda de sus dos protagonistas, Gloria y Clara, la cinta desarrolla una historia que expone lo difícil que es salir adelante en un país en donde las condiciones socioeconómicas y el color de piel se siguen anteponiendo a todo lo demás. Mostrando el lado oscuro de Río de Janeiro, Murat lleva a los límites las consecuencias que el racismo, el clasismo, la discriminación y la corrupción causan en la sociedad brasileña.

A pesar de que la cinta se aleja del proceso histórico de la dictadura militar, es imposible desligarla a este contexto debido que al igual que en Memorias que me contaron (Brasil, 2013), la cineasta muestra una sociedad que intenta reconstruirse después de un golpe militar que repercutió en todos los ámbitos del país, lo que causó una segmentación ejemplificada a través de las diferencias radicales de las protagonistas, quienes no conciben otra manera de vivir que la propia (ya sea desde la pobreza y la injusticia o desde los privilegios otorgados por el color de piel).

Y es justo la exaltación de esta ruptura social la que ha distinguido al cine latinoamericano, que ha contribuido al mundo cinematográfico con grandes historias testimoniales que nos permiten ver en retrospectiva los conflictos armados que han azotado este territorio. Para hablar de ello basta ver el filme biográfico del director argentino Fabián Hofman, quien tuvo que esperar más de 30 años para poder contar su historia como exiliado político durante la dictadura en Argentina de 1976.

El filme de Hofman titulado Te extraño (ArgentinaUruguayMéxico, 2010) muestra los actos cometidos por el Estado contra los revolucionarios que se oponían a la dictadura, dicho acto provocó una serie de homicidios y desapariciones forzadas que llevarían al director a abandonar a su familia para huir a México en busca de refugio. Estos patrones dentro de las narrativas fílmicas han sido retomados por ser un testimonio colectivo. Basta recordar a Rigoberta Menchú al inicio de Cuando las montañas tiemblan (Estados Unidos,1983) cuando anuncia: “Soy campesina, soy cristiana, soy una sobreviviente de mi familia. Les voy a contar mi historia, que es la historia de todo el pueblo de Guatemala”.

Lo personal se convierte en político y las repercusiones psicológicas de los enfrentamientos armados se transforman en un mal nacional que inunda a la colectividad y rompe todos los núcleos sociales. Carne de perro (Chile, 2012) de Fernando Guzzoni le apuesta a esta tendencia al desarrollar una película con tintes existencialistas, en dónde el manejo del contexto histórico y sus repercusiones colectivas se representan a partir de la individualidad.

Guzzoni muestra en su primer largometraje de ficción los estragos psicológicos de un hombre que se dedicaba a torturar durante la dictadura chilena. A raíz de sus experiencias desarrolla padecimientos psicológicos que no le permiten reintegrarse socialmente por vivir con los fantasmas de un pasado que lo llevó al límite. Exaltando el nacionalismo absurdo —y propio de las dictaduras militares— el director chileno rescata los patrones de comportamiento propios de un psicópata, al mismo tiempo que lanza una crítica muy pertinente a los verdaderos responsables de esta fractura social.

De una u otra manera el cine siempre ha logrado su cometido y ha servido como medio para testimoniar los actos más viles del hombre. Ya sea como largometraje de ficción o como documental, los cineastas latinoamericanos se han dado a la tarea de llevar un cachito de su verdad a la pantalla grande. Tal como lo hace el uruguayo Pablo Martínez Pessi en Tus padres volverán (Uruguay, 2015) en donde cuenta la conmovedora historia de los niños que se reencuentran con su familia después de la dictadura, llenándonos de una extraña esperanza que, al igual que el sentimiento revolucionario, brota con mayor facilidad en los momentos más críticos de la humanidad.

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