Las dinámicas del poder en Arráncame la vida

Autor: Javier Marínez Ramírez

Las dinámicas del poder en Arráncame la vida

El universo literario se ha convertido en la materia prima del cine, es donde los realizadores descubren que su gusto por la lectura se puede materializar en un filme y, aunque aparente ser un camino fácil, librar los juicios de comparación al capturar la esencia del escritor sin perder el estilo propio es la trampa que muy pocos han superado.

Para el director mexicano Roberto Sneider eso no ha sido un inconveniente debido a que desde su ópera prima Dos crímenes (México, 1994) acaparó los reflectores gracias a la aguda lectura que hizo para la adaptación cinematográfica de la obra de Jorge Ibargüengoitia, así como el hábil manejo de actores y de la comedia. Trece años después presentó Arráncame la vida (México, 2008), basada en la novela homónima de la escritora mexicana Ángeles Mastretta, una poderosa película de época sobre el amor, la infidelidad y los misterios que envuelven las dinámicas del poder.

La historia comienza en el año 1932 en la ciudad de Puebla, México, donde la cotidianidad de Catalina Guzmán (Ana Claudia Talancón) —una mujer a la cual su curiosidad la ha llevado a cuestionar su entorno— se ve alterada cuando conoce al General Andrés Ascencio (Daniel Giménez Cacho), quien se empeña en demostrarle a Catalina cuanto la ama pese a lo dominante y explosivo que puede ser. Sin embargo, el mundo de la política que está plagada de corrupción, injusticia y sobre todo manejada por el machismo de la época hacen que Catalina se cuestione si su verdadera lucha es alcanzar la libertad.

Dos personalidades disímiles que representan el panorama político y social del México de las décadas de los años treinta y cuarenta; por un lado, Catalina representa el progreso, la inocencia y precocidad de la ideología femenina en vías de dejar a un lado la cosificación de la mujer; mientras que en Andrés Ascencio vemos el papel primitivo que la represión del macho mexicano juega en la sociedad de la época —¿y por qué no?, también de la actual— donde además se le atribuye la parte corrupta y degradante de la esfera política, basada en la vida y excesos de Maximino Ávila Camacho.

Asimismo se aborda la complicidad y cómo Catalina se hace cómplice de un sistema que en el fondo la oprime porque inicialmente ve muchas ventajas en él, lo que muestra cómo nos traicionamos como sociedad por intereses inmediatos. El forcejeo sentimental por parte de los personajes principales los lleva a vivir contantes batallas que benefician a ambos casi por igual, aunque el verdadero triunfo es la emancipación y el empoderamiento femenino.

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