Las fieras: los grandes aciertos en el cine híbrido de Vincent Mariette

Autor: Bianca Ashanti

Las fieras: los grandes aciertos en el cine híbrido de Vincent Mariette

Con un relato inicial que podría parecer —peligrosamente— simple, acompañado de una fotografía que logra sumergirnos en un ambiente intimista y lleno de suspenso (en ocasiones ligado más a los favores del entorno que a la habilidad del cinefotógrafo Georges Lechaptois), llega a My French Film Festival de manera gratuita hasta el 16 de febrero el segundo largometraje de Vincent Mariette: Las fieras (Francia 2017).

Pese a los tropiezos iniciales, Mariette logra un desenlace orgánico que parece enriquecerse por el desarrollo previo de la historia. El espectador es guiado por peligrosas curvas dramáticas que libran cada uno de los clichés en que podrían caer con facilidad. El filme redime la imagen de la joven y hermosa suicida al alejarse de falsos romances y abstenerse de pretenciosas historias de amor que intentaran acaparar la atención del espectador.

Las fieras presenta un relato mucho más visceral que surge durante el idilio vacacional de jóvenes campistas, quienes serán confrontados a una bestia (no necesariamente animal) que amenaza su juerga excesiva. Una leyenda mortal que ha crecido con los años hasta convertirse en un miedo palpable que esconde detrás los intereses particulares de un misterioso escritor y de una detective que parece oscilar siempre entre la locura y la genialidad.

De esta forma la construcción de personajes complejos contrasta con la simplicidad de la trama, con diálogos que logran rescatar el ritmo aletargado de la narrativa visual y confrontan al espectador con las incongruencias propias de un personaje sincero, tal como lo vemos en la actuación de Camille Cottin, quien en repetidas ocasiones lanza un guiño para gritar que los milagros existen cuando eres capaz de fabricarlos.

El juego de filtros, los cortes abruptos y dramáticos rompen con la estética del filme, el cineasta francés, que ya había mostrado su interés por el misticismo, regresa a la pantalla para declarar públicamente sus intenciones de realizar un cine híbrido, en el que se pierdan las fronteras de lo mágico y lo real al jugar con un espectador que es constantemente seducido por “las fieras” imaginarias, representadas con cada uno de sus personajes.

El amor, el morbo, la psicopatía, el engaño y el asesinato se convierten poco a poco en los protagonistas de esta historia, desenvolviéndose en un entorno adolescente y caótico para revelar que, tal cual lo anuncia el misterioso y seductor Paul, para poder vivir el misticismo que escasea en la actualidad debemos provocarlo.

Lo cual no resulta tan complicado para Lily-Rose Depp que hecha mano de sus dotes actorales para mostrar (con gran habilidad) un rostro que denota el vacío emocional de su personaje, quien evoluciona de la mano del filme y ejecuta un papel convincente que concluye de manera magistral en una carta (más reivindicativa que romántica) en la que renuncia al cliché de amor imposible para proseguir con una historia donde parece haber aprendido, gracias a la muerte, los placeres de estar viva.

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