Los exóticos: el espectáculo de la libertad

Autor: Abraham Villa Figueroa

Los exóticos: el espectáculo de la libertad

En el mundo de la lucha libre mexicana, hay un grupo de luchadores denominado Los exóticos (México, 2013) de Michael Ramos-Araizaga, que se caracteriza por asumir una personalidad femenina, colorida, escandalosa, asociada por el público con la homosexualidad debido a su manierismo y coquetería. Los exóticos retrata el lugar que este grupo ocupa en el panorama de la lucha libre, el cual, al igual que otras expresiones de la cultura popular mexicana, otorga un lugar central, casi exclusivo, a la masculinidad viril.

Por medio de entrevistas, Ramos-Araizaga recupera los testimonios de varios luchadores exóticos, en donde se manifiesta la conciencia que tienen de sí mismos y de la importancia de su presencia en un medio que no siempre manifiesta apertura a la diversidad sexual.

La lucha libre es un ritual, donde la espectacularidad, los movimientos aprendidos y su fluidez son tan importantes como el contacto físico espontáneo, por lo que su puesta en escena desborda simbolismo. Las máscaras, los disfraces y el maquillaje sirven para construir un escenario casi mítico.

Los exóticos no caracterizan su personalidad de luchador tan sólo a partir de una condición personal, la homosexualidad, sino más bien a través de una idea que se pone en juego como un espacio de representación donde se manifiestan esquemas ajenos a los de la masculinidad viril.

Por este motivo, el luchador exótico no es un homosexual que, por su condición, actúa naturalmente de manera femenina. Al contrario, al ser un espacio donde lo que importa es el imaginario representado, lo femenino y lo homosexual aparecen como un papel que se actúa más que como una condición que se asume invariablemente.

La teatralidad de la lucha libre es el trasfondo donde Ramos-Araizaga encuentra que el género y la identidad sexual se construyen a partir de un imaginario, cuya función principal es disponer de un espacio propio donde los individuos puedan asumir con libertad su forma de ser.

Así, en un escenario improbable, Ramos-Araizaga encuentra una elocuente expresión de una idea poderosa: que la identidad sexual y de género son formas de vida cuyo ejercicio acontece gracias a la libertad que tiene todo individuo de imaginarse a sí mismo, reinventarse y auto representarse. 

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