Luciérnagas: las complicaciones emocionales de una vida en tránsito

Autor: Bianca Ashanti

Luciérnagas: las complicaciones emocionales de una vida en tránsito

Bani Khoshnoudi es, en todo el sentido de la palabra, una migrante; lo fue desde muy temprana edad, cuando la revolución iraní de 1979 obligó a sus padres a abandonar su país de origen para buscar un hogar seguro. Creció en Estados Unidos y posteriormente sus inclinaciones artísticas la llevaron a Europa y, más tarde, de vuelta a Teherán. Ahí se reencontró con una forma de vivir que había abandonado a los dos años de edad, pero con la que se sentía profundamente comprometida.

Este interés por mostrar la vida en tránsito de los jóvenes iranís se reflejó desde su primer cortometraje formal Transit (Francia, 2005), y se ha consolidado a través de los años con una filmografía militante que aborda temas que van desde el exilio hasta la opresión y la violencia, unidas intrínsecamente a las experiencias de los migrantes y representada también, en su largometraje más reciente, Luciérnagas (México, Gracia, República Dominicana, 2018). Filme que se integra al catálogo solo este 30 de julio y de manera gratuita como parte de la celebración por el quinto aniversario de FilminLatino.

La cinta sigue la historia de Ramin (Arash Marandi), un joven homosexual proveniente de Irán que llega a Veracruz por error, en un intento por huir del régimen opresivo de su país. En la ciudad portuaria encuentra un mundo completamente diferente al suyo, donde las barreras del lenguaje y la cultura parecen mantenerlo siempre en el margen de la otredad.

Estas limitaciones y diferencias son utilizadas discursivamente por la realizadora para mostrar desde una perspectiva mucho más íntima los procesos de resiliencia y adaptación de todas las personas marcadas por el desarraigo, tal como lo hace Ramin, a quien conocemos más por sus cicatrices que por sus palabras. Las marcas de azotes en la espalda y el tatuaje del zoroastrismo que lleva en el pecho nos permiten vislumbrar el contexto político de su exilio.

La experiencia como documentalista de Khoshnoudi (The Silent Majority Speaks, 2010) le ayuda a utilizar el contexto político y la violencia,a lo largo de todo el filme, sin mostrarlo explícitamente. Lo que se refleja en la inestabilidad social y emocional de sus personajes, atrapados en líneas atemporales que les impiden vivir su presente y encontrarse a sí mismos.

Esta sutil herramienta discursiva también nos ayuda a conocer la realidad de Guillermo (Luis Alberti), un hombre salvadoreño que comparte con Ramin una historia de vida, la necesidad de huir de su país para salvarse y la añoranza de encontrar un futuro mejor después de un pasado que dejó sus marcas en las múltiples cicatrices de bala que carga por todo el cuerpo.

La realizadora iraní conoce la importancia en la multiplicidad de miradas y perspectivas, el contraste que debe aplicar en la construcción de cada una de sus obras y la forma en la que puede transmitir sus reflexiones al espectador. Todas estas aristas son las que convierten a Lety (Flor Edwarda Gurrola), en uno de los puntos fuertes del largometraje; un hilo emocional que conecta todo a través de su sinceridad, sencillez y valor para hacer frente a la incertidumbre en la que vive.

Luciérnagas es un filme contado en tres líneas paralelas, donde se exploran las heridas físicas y emocionales de los desplazamientos, donde los amores, el autodescubrimiento y el cuestionamiento de su entorno se convierten en el móvil perfecto para establecerse a sí mismos y así poder continuar en un viaje que no sacrifique su identidad personal.

Con un equipo técnico que comprende el talento de más de siete países (entre los que destacan Argentina, México, Chile, Francia e Irán), Khoshnoudi teje una historia que se enriquece a partir de las experiencias de sus personajes, a los que mira desde el exterior para concederles la cualidad de ser universales, vidas pasajeras con las que se puedan identificar el resto de luciérnagas perdidas en el mundo. Un abanico de realidades diferentes que al mirarse en conjunto construyen una poderosa visión sobre las problemáticas a las que se enfrentan los jóvenes; abordadas por Pasolini en El artículo de las luciérnagas de 1972, texto que inspiraría el nombre de la película. Al final, tal como nos muestra el largometraje, lo importante es encontrar dónde -y con quién- podemos seguir brillando dentro de tanta oscuridad.



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