Noches de Julio: la aleación entre la imagen, el sonido y la intimidad

Autor: Paulina Abril Vázquez Reyes

Noches de Julio: la aleación entre la imagen, el sonido y la intimidad

“El sueño de la noche no nos pertenece. No es nuestra propiedad. Para nosotros es un raptor, el más desconcertante de los raptores: nos arrebata nuestro ser.

Las noches no tienen historia. Nose ligan unas a otras. Y cuando se ha vivido mucho, cuando ya se han vivido unas veinte mil noches, nunca sabemos en qué noche antigua, muy antigua, hemos partido hacia el sueño. La noche no tiene futuro. Sin duda, hay noches menos negras en las que nuestro ser del día vive aún bastante como para negociar con sus recuerdos.”

Gaston Bachelard The Poetics ofReverie

 

Resulta complejo conciliar entre nuestros sentidos qué es lo real. Interpretamos dimensiones y realidades específicas a través de las sensaciones, las cuales siempre están receptivas a los estímulos del medio. Abrimos los ojos a un mundo que nos toca por todos lados, el sonido nos ilumina y nos permite una percepción atmosférica, kinestésica e inolvidable. Justamente el entendimiento de todo aquello le permite a Axel Muñoz Barba arrasar con maestría en su ópera prima como director de Noches de Julio (México, 2017).

Este gran sonidista y director egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica aborda junto a su equipo la visualidad del filme desde el oído. Su dirección entra en la pantalla y se desborda en una aleación de imagen-sonido que no solamente sostiene la atención del público, sino que la sutileza y el talento de Hoze Meléndez en el papel de Julio y Florencia Ríos interpretando a Mara, tanto como las entrañables locaciones, convierten a esta película en una de esas piezas que nos marcan la memoria para siempre.

Las relaciones humanas surgen todo el tiempo en muy distintas situaciones. Algunas son efímeras, insignificantes y hasta pueden llegar a ser más a la fuerza que por ganas, pero cuando se trata de aquellas que surgen de la espontaneidad de la vida cotidiana uno podría calificarlas de extraordinarias y darles gustosamente un nivel de tesoros, más por lo que pensamos de ellas que por lo que son.

Dentro de la ficción nos encontramos a Julio un personaje muy particular dentro de un contexto un tanto anacrónico: un día cualquiera en la tintorería. Sabemos que el afilador está cerca, no lo vemos, pero lo oímos. La señora rubia está recogiendo su vestido mientras el inseguro y saturnino Julio visualiza en sus adentros los próximos emocionantes momentos de intimidad que gozará no a su lado, sino en su ausencia.

La sensibilidad no es comprendida por quienes han sido maleados pues a Julio, que vive ajeno al mundo, todo le queda grande: su ropa, la promoción en su trabajo, la renta, sus sentimientos y hasta su piel. Su fragilidad se esconde y se delata detrás su comportamiento hermético y raquítico. Observador, inteligente y taciturno se deja llevar siempre, pues puede más su curiosidad que su vergüenza. No es el único, le han estado viendo, ya le han percibido y conocido sin que él siquiera lo note.

A partir de que Mara y Julio se cruzan en la calle, o en la vida, todo cambia. El filme se vuelve un verso en espejo, en el que lo improbable y lo imposible sucede. Es eso que amamos de las ficciones, ese elemento encantador que vuelve real aquello que nos resulta difícil creer. No necesitan decirse nada, pues se conocen plenamente a pesar de estar por primera vez frente a frente. El sonido es una extensión de sus personalidades, casi como si fuera un personaje más que se adapta y muta dependiendo de su actor.

Noches de Julio es una ventana que nos muestra que la transdiciplina genera resultados fascinantes, es un filme poético, una bocanada de aire fresco para el cine contemporáneo mexicano que permite poner sobre la mesa esas fantasías que saben mejor que la realidad y sin duda una de las mejores maneras de olvidarnos, por lo menos un momento, de lo que nos rodea.

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