Olimpia: una historia para el presente

Autor: Abraham Villa Figueroa

Olimpia: una historia para el presente

El movimiento estudiantil de 1968 ha alimentado el espíritu de protesta, rebeldía y libertad política juvenil desde hace cincuenta años. Y el cine ha estado ahí desde el comienzo. El grito (México, 1968), dirigido por Leobardo López Aretche, entonces estudiante del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM, es un documento audiovisual muy importante sobre el movimiento, pues contiene material directo de los hechos al mismo tiempo que su forma se organiza a partir del espíritu de denuncia que permeaba las exigencias de los manifestantes.

Desde entonces, varias películas han regresado a 1968 para ver de distintas maneras el complejo cúmulo de hechos y pasiones que estallaron ese año. Desde Rojo Amanecer (México, 1990), donde la ausencia visual del grueso de la matanza del 2 de octubre expresa la impotencia y la imposibilidad de dar cuenta de esa violencia, hasta Borrar de la memoria (México, 2010), donde la consciencia histórica se despliega en las claves del cine de género (thriller), la sombra del 68 todavía inspira nuestro presente cinematográfico.

Olimpia (México, 2019), la película más reciente de José Manuel Cravioto, se cuenta la vida de cuatro jóvenes estudiantes que se involucraron en las protestas de 1968. Uno de sus elementos más notables consiste en el uso de la rotoscopia, una técnica de animación en cuya realización participaron estudiantes de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM. Cravioto explicó en una entrevista que recurrió a esta técnica porque quería que el público entrara directamente en la película y sus temas sin que criterios externos a ella pesaran demasiado en su apreciación.

El reparto principal, conformado por Luis Curiel, Nicolasa Ortiz Monasterio y Luis Mandoki, remarcó la importancia de recordar e imaginar las protestas estudiantiles de 1968 para no olvidar la fuerza transformadora del disenso en el presente. Olimpia además nos recuerda que la ruptura política defendida por la juventud es inseparable de otros ámbitos de la vida, pues los protagonistas de la película no sólo asumen un papel en el desarrollo de los hechos históricos, sino que también reflejan las luchas individuales que el movimiento estudiantil produjo en el interior de las familias. 

Hernán, estudiante del politécnico, debe enfrentarse a su padre, que desaprueba su participación en el movimiento y ocupa un alto puesto en el ejército. Raquel, estudiante de letras que se esfuerza por encontrar una voz propia por medio de la escritura política, pierde comunicación con su familia después de que el ejército toma Ciudad Universitaria y la búsqueda que su madre lleva a cabo para encontrarla resuena ominosamente sobre nuestro presente.

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