Preguntar por el arte desde el arte: cine y pintores

Autor: Abraham Villa Figueroa

Preguntar por el arte desde el arte: cine y pintores

Las grandes obras de arte, además de seducir por su belleza, complejidad y lucidez, arrojan una pregunta por la naturaleza de sus creadores. ¿Qué clase de individuos logran producir tan alta expresión humana? ¿Alrededor de qué ejes configuran sus vidas? ¿Qué clase de circunstancias favorecen su espíritu creativo? ¿Cuántos retos tienen que superar y cuál es el costo de su victoria?

Son incontables las biografías y estudios que intentan desentrañar la vida del artista para extender la comprensión de sus obras. El cine no se queda atrás. Muchos grandes directores han dedicado sus filmes a explorar la existencia de escritores, escultores, bailarines y pintores. El inigualable director chileno Raúl Ruiz retrató a Klimt, al igual que Andréi Tarkovsky lo hizo con Andréi Rublev o Maurice Pialat con Van Gogh.

En nuestro país, la tradición pictórica es notable y varias películas hacen resonar distintas facetas de este quehacer artístico. En El informe Toledo (México, 2009), una serie de grabados del recientemente fallecido Francisco Toledo, uno de los artistas más importantes de su generación, sirve para conducirnos por el laberinto social e histórico donde el artista se formó y repercutió. Los grabados ilustran un cuento de Franz Kafka sobre la conversión de un mono en ser humano. Poco a poco, el protagonista de este relato se confunde con el propio Toledo. Así, comprendemos que la obra de un artista es donde mejor se refleja su recorrido personal y estético a través de la época que habitó; no es ésta la que lo consume o lo determina.

En la historia del arte mexicano, quizá ningún movimiento igualó la fuerza del muralismo. En pocas ocasiones, el arte ha sido una manifestación pública de las aspiraciones de una idea de nación a la vez que asume una propuesta estética creativa. Esta conjunción dio vida a murales imponentes cuya presencia ha formado el imaginario histórico y político.

En El mural de Siqueiros (México y Argentina, 2010), se dibujan los conflictos entre el trabajo del artista, sus intenciones políticas y las condiciones materiales requeridas para que se complete un mural enorme que Siqueiros pintó en Argentina. Las personalidades y las pasiones se mezclan con la dinámica social que mueve un país. El fresco resultante ofrece un paisaje donde se entrecruzan los intereses políticos, estéticos y eróticos frente al trasfondo de una época convulsa.

La fascinación por la figura del artista es también algo que en sí mismo vale la pena investigarse. Al tomar como punto de partida el material inédito filmado por Gabriel Figueroa y Manuel Álvarez Bravo sobre el trabajo de Diego Rivera, Un retrato de Diego: la revolución de la mirada (México, 2007) investiga en la consciencia que los artistas tienen sobre sí mismos y sobre su trabajo, y la manera en que tal consciencia proyecta indirectamente sus deseos y aspiraciones más fundamentales.

En busca de un muro (México, 1973) contrasta la visión idealista del artista como un genio iluminado con las condiciones materiales necesarias para pintar y darse a conocer. La película cuenta los años fundamentales que Clemente Orozco pasó en Nueva York antes de regresar a México para realizar sus grandes murales. Las conexiones sociales y la inteligencia en las negociaciones son tan importantes como el talento y el trabajo para que Orozco supere la pobreza y sea reconocido como artista. Este realismo evita el cinismo creando personajes vivos y comprometidos con su idea del arte.

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