Premio a la trayectoria: los ganadores del Ariel de Oro y su aportación al cine

Autor: Leonardo Olmos

Premio a la trayectoria: los ganadores del Ariel de Oro y su aportación al cine

Desde 1973, en su quinceava entrega de premios, la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) decidió crear la categoría del Ariel de Oro, que sería entregado a personalidades que hayan dedicado su vida al séptimo arte y cuya larga trayectoria haya significado un enorme impacto para el desarrollo de la industria nacional y su proyección en territorios extranjeros. El primer ganador de la estatuilla en aquella ceremonia sería para el cinefotógrafo Alex Phillips, que con su trabajo en filmes como En la palma de tu mano (México, 1951) de Roberto GavaldónTizoc(México, 1957) de Ismael Rodríguez y El castillo de la pureza (México, 1973), de Arturo Ripstein, lograron que el cine mexicano construyera un lenguaje visual propio que a la fecha se sigue emulando.

Este año, en su entrega número 61, el Ariel de Oro será entregado por triple vez, dado que, en su tercera Asamblea ordinaria del año, la AMACC decidió galardonar la trayectoria del actor y productor Héctor Bonilla, la guionista Paz Alicia Garciadiego y el sonidista Nerio Barberis.

Egresado de la Escuela Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes de México, la carrera de Héctor Bonilla como actor, que además ya le ha valido dos estatuillas de la Academia por su trabajo en Meridiano 100 (México, 1976) de Alfredo Joskowicz y en Rojo amanecer (México, 1989) de Jorge Fons, comenzó por la década de los años sesenta, cuando su figura se dio a conocer en filmes importantes para el movimiento estudiantil del 68 como El cambio (México, 1971) de Alfredo Joskowicz, cuya experimentación formal se dedicaba a crear y resonar una protesta contra las injusticias hacia las voces de centenas de estudiantes.

A través de los años, Héctor Bonilla ha consolidado su carrera con la ayuda de la televisión, que se apoderó gradualmente de la atención de las familias mexicanas, pero su colaboración en teatro y cine es lo que verdaderamente lo formó como un actor de calibre. Colaboró con otros cineastas como Jaime Humberto Hermosillo en Matinée (México, 1976), con José Buil en La leyenda de una máscara (México, 1991) y con Gabriel Retes en El bulto (México, 1991), por mencionar algunas. También incursionó como director con el filme Mónica y el profesor (México, 2003), ganándose el premio a mejor película mexicana en el Festival de Cine Independiente de El Chamizal. Bonilla sigue incursionando en el cine a últimas fechas, donde el público mexicano lo ha visto en Un padre no tan padre (México, 2016) de Raúl Martínez, Treintona, soltera y fantástica (México, 2016) de Chava Cartas, y 7:19, La hora del temblor (México, 2016), de Jorge Michel Grau.

Por su parte, Paz Alicia Garciadiego, egresada de la UNAM con Estudios Latinoamericanos, ha dedicado gran parte de su vida profesional a las letras, y específicamente a aquellas que forman los libretos de grandes películas del cine mexicano como El imperio de la fortuna (México, 1985), Principio y fin (México, 1993), Profundo Carmesí (México, 1996), El coronel no tiene quien le escriba (México-España-Francia, 1999), adaptada de la novela homónima de Gabriel García Márquez, El carnaval de Sodoma (México-España, 2006), Las razones del corazón (México-España, 2011) y La calle de la amargura (México, 2015); todas dirigidas por su longevo colaborador Arturo Ripstein. Cintas que le han otorgado reconocimiento internacional por la trayectoria de las mismas por distintos festivales y circuitos, algunos de los cuales le han entregado reconocimientos por sus guiones, como es el caso de la nominación al Premio Goya que recibió de parte de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, por su adaptación de la novela de García Márquez, o la Concha de oro al Mejor guion en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, por su trabajo en La perdición de los hombres (México-España, 2000), también dirigida por Ripstein.

El trabajo de Garciadiego sobresale por su creación de personajes, la cadencia de sus diálogos, la congruencia en sus tramas y por la unidad estilística que imprime en cada libreto, no importando que venga de una creación original o una obra literaria o teatral, construyendo así una carrera ejemplar para cualquier aspirante a escritor en un país donde se empieza a olvidar tan crucial arte.

Para Nerio Barberis, el trabajo en cine se ha ido hacia otro lado, uno donde, por lo general, se merma la importancia de una colaboración dentro del resultado de una obra final: el sonido. Por años, a través de la docencia en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) y en la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, Cuba, donde es miembro fundador de la cátedra de sonido, ha instruido a decenas de futuros cineastas a considerar la importancia del sonido directo y la mezcla del mismo. Entre su larga lista de trabajos, sobresalen por su impacto en la industria de cine mexicano cintas como La mujer de Benjamín (México, 1991), de Carlos Carrera, Bajo California: El límite del tiempo(México, 1998), de Carlos Bolado, Perfume de violetas (México, 2000), de Maryse Sistach, Mi vida dentro (México, 2007), de Lucía Gajá, El crimen del padre Amaro(México-España-Argentina-Francia, 2002), de Carlos Carrera, Salón México (México, 1996), de José Luis García Agraz, Elisa antes del fin del mundo (México, 1997), de Juan Antonio de la Riva, y Danzón (México-España, 1991), de María Novaro.

El trabajo de Barberis destaca por la dedicación que le impregna a la preservación y restauración del sonido del cine nacional, habiendo participado en más de 100 filmes, grabando sonido directo, editando y mezclando el mismo, así como en el área de diseño sonoro, que se encarga de agregar otra dimensión a un filme a través de las atmosferas logradas en una cabina de grabación. Además de ser parte del equipo de restauración y mezcla en 5.1 canales de audio del emblemático documental sobre el movimiento estudiantil del 68, El grito (México, 1968), de Leobardo López Aretche.

La 61 entrega de los Premios Ariel se lleva a cabo este lunes 24 de junio, con sede en la Cineteca Nacional.

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