Somos Mari Pepa: crónica de la banda adolescente

Autor: Ramón Serrano

Somos Mari Pepa: crónica de la banda adolescente

Somos Mari Pepa (México, 2013), ópera prima y relato coming age de Samuel Kishi Leopo, hace un espejeo interesante y persuasivo con otras cintas sobre adolescentes que están tras el sueño del rock. En específico recuerdan títulos como Somos lo mejor (Lukas Moodysson, Suecia, 2013), donde es importante la forma en que un grupo de mujeres adolescentes intentan la hazaña musical.

Pero si Bobo, Klara y Hedvig en el fime de Moodysson representan una expresión genuina de mujeres adolescentes que buscan afianzar su sitio en el mundo; con el cuarteto de Alex, Bolter, Rafa y Moy se desarrolla un ejercicio de masculinidades en el que se reflejan los esfuerzos y las búsquedas adolescentes, inseguros de situarse en su propia cartografía vivencial.

Somos Mari Pepa puede interpretarse desde distintas lecturas, todas ellas tan válidas como necesarias: lo mismo desde la sociología que hace una radiografía de las juventudes clasemedieras depauperadas, como desde los estudios de género y masculinidades, en los que se cifra una crítica necesaria sobre las carencias y los afectos de los jóvenes.

Pero sobre todo, Somos Mari Pepa apuesta por la crónica de una melancolía incipiente. La cámara de Octavio Arauz propone texturas para ir del presente del relato a días más infantes, en video con calidad de internet, que insinúa una profundidad en la relación de los cuatro amigos. Y alrededor de la banda se esbozan vidas de familiares, amigos, conocidos: el universo de los suburbios de Zapopan y Guadalajara, recreados con el detalle de quien ha sabido recorrer sus calles empinadas, multifamiliares, puentes y parques; la abuela de Alex escucha boleros que éste detesta; Rafa tiene las interacciones juveniles hostiles con una hermana a la que hostiga y lo hostiga, un taller mecánico que servía para las acrobacias en patineta se transformará en estacionamiento; "El Pipipi", teporocho, hace el relato de sus días de gloria como futbolista y cómo perdió todo por una violenta jugada. Las crónicas que rodean a la banda Mari Pepa funcionan como un vitral de historias y estímulos que enmarcar el deseo ferviente del cuarteto por lograr el sueño de la música y el punk.

Entre historias y destinos varios, el "rockumental" de Mari Pepa revela el esfuerzo de los ensayos, no exentos de bromas e indefiniciones, que suelen ser asediados por una realidad que confronta y acaso frustre el sueño de la banda. Por suerte, el intento del rock no se desvanece. Acaso como simbolismo, Mari Pepa hace un entrañable último concierto en la azotea, como ocurre en el emblemático concierto final de The Beatles en Let It Be (Michael Lindsay-Hogg, 1970). En ese momento se reconoce cierto atisbo nostálgico en el primer largometraje de Samuel Kishi: una mirada a la juventud que siempre se está yendo, que desde que se vive es simultáneamente un recuerdo.

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