Tan cerca, tan lejos. El cine de Juan Carlos Rulfo dialoga con el de Abbas Kiarostami

Autor: Katia Morales Gaitan

Primerísima entrega del ciclo “Tan Cerca tan Lejos” una sección enfocada a encontrar los vínculos y conexiones de sangre entre películas filmadas por autores distintos, en momentos y latitudes distintas, pero unidas por un diálogo que propicia su estilo fílmico.

Para inaugurar esta sección, elegimos dos obras representativas de la cinematografía de fin de los años noventa de México e Irán; Del olvido al no me acuerdo (1999) de Juan Carlos Rulfo y El viento nos llevará (1999) de Abbas Kiarostami. En ambas películas, hay un desplazamiento del cineasta hacia el contexto rural, propiciando narrativas que fluyen al ritmo ralentizado de la vida en el campo. Enseguida, ambos argumentos se basan en mitos que nunca vemos;  por una lado el de la figura de Juan Rulfo, -el gran escritor- y por el otro, el rodaje de una película que jamás se completa.

Juan Carlos, va decididamente a la búsqueda de su padre, al rescate de la memoria de quienes lo conocieron. Se dirige a personajes enigmáticos y potentes; que van desde su propia madre, Clara Aparicio, pasando por los colegas escritores de su papá como Jaime Sabines y Juan José Arreola,  hasta testimonios de ancianos y campesinos de San Gabriel y Apulco. Por cierto, algunos de ellos no menos sabios ni menos cuentistas. Los recuerdos difusos de estos viejos, se van entretejiendo y revelan fragmentos de su propia vida más que la de Juan, pues apenas tienen escuetos recuerdos que derivan en temas como el amor y el desamor, la vida y la muerte. El propio Juan José Arreola es incapaz de articular algún recuerdo frente a cámara sobre Rulfo, aunque resulta mágico escuchar la voz del propio Juan narrando sus textos como Luvina y intercalados a lo largo de diferentes partes filme.

Abbas lo hace a través de su personaje principal “El ingeniero”, un cineasta encubierto, interpretado por Behzad Dorani quien llega al pequeño pueblo de fachadas blancas que cuya arquitectura también nos recuerda a un laberinto. Viaja desde Teràhn en una Land Rover con dos asistentes para documentar los rituales fúnebres tradicionales a partir de la muerte una anciana que nunca vemos y que no termina de morirse. “El ingeniero” no quiere que el pueblo se entere de su intención, así que circulan múltiples versiones de su visita y es tratado como invitado especial. Behzad y su crew son recibidos por el pequeño Farzad, a quien sentencian en no poder comentar su fin entre el pueblo; “Si te pregunta alguien, dile que buscamos un tesoro perdido”. Ya en el pueblo, Behzad pasa sus días distraído subiendo a lo alto de las montañas para contestar el celular, sin atender mucho lo que sucede en el pueblo, durante estos trayectos Kiarostami muestra un espacio fílmico agrandado por una serie de planos panorámicos que detonan la belleza del paisaje campirano: tanto los personajes como el espectador se pierden en la inmensidad del paisaje.

Juan Carlos Rulfo también emplea este recurso, captura en timelapses hermosas imágenes de nubes sobre las montañas, tormentas eléctricas, el paso de la noche donde es visible la bóveda celestial. Filma también en contextos desérticos, el plano de una silla en medio un suelo erosionado es absolutamente estremecedor y nos remite a las descripciones del paisaje de sus textos insertos en la corriente del realismo mágico de la obra de su padre.

En la cinta de Kiarostami se recitan poemas de Forough Farrokhzad en dos ocasiones: cuando el ingeniero se encuentra con un señor que cava un pozo y cuando va a conseguir leche en un sótano obscuro, mientras una joven de 16 años ordeña una vaca, él le recita a la joven. En la película de Rulfo dos ancianas cantan canciones antiguas y recitan versos magistralmente,aunque dicen que ya no se acuerdan de todos. 

Otro paralelismo en los filmes está en las declaraciones de ancianos sobre el amor-desamor. En Del Olvido al no me acuerdo una pareja de viejitos discute: “...Si no quieres jalar conmigo, tons’ ¿con quién vas a Jalar? Tons ¿pa’ qué te compre?...” Le dice el señor a su mujer que tiene una expresión en su rostro de agotamiento puro. Dentro de El viento nos llevará, una mujer reclama a su esposo tener tres trabajos y que él no reconozca su valor, a lo que responde que servir el té no es agotador, entonces le pide que recuerde el momento cuando se conocieron y de lo contenta que estaba por servirle el té a su futuro marido.

Tanto Rulfo como Kiarostami “hablan” al espectador directamente, cuando Benzhad mira directamente a la cámara mientras se rasura, la cámara funciona como un espejo. El misterioso Don Justo se emociona de verse los bigotes en el reflejo del lente de la cámara. Finalmente, la claridad de vivir esta vida

Finalmente, la idea de que no hay otra vida más que esta, se plasma en ambos filmes, el sabio Don Justo Peralta afirma “No hay otra vida que sea tan bonita como la primera, que es este mundo...Cada día que va pasando, vas dando un paso a la sepultura...dicen que hay otro, pero yo no lo creo. Mientras que el médico que va a curar  a la mujer enferma de Kiarostami afirma: "Cuando cierras los ojos de este mundo, a esta belleza de mundo, las maravillas de la naturaleza y la generosidad de Dios, significa que nunca regresarás- Benzhad le dice, dicen que el otro mundo es hermoso, a lo que el viejo le responde, sí, pero quién ha vuelto de allí para contarlo.

Publica un comentario

Sin comentarios