Tiempo sin pulso: el poder transformador del duelo

Autor: Paola Parra

Tiempo sin pulso: el poder transformador del duelo

Tras dirigir más de 15 cortometrajes, entre los que destacan Reminiscencias (México, 2008) y Marea alta (México, 2010), la realizadora mexicana Bárbara Ochoa Castañeda presenta la película Tiempo sin pulso (México, 2016). De la mano de la prolífica productora Ixchel Coutiño, esta película formó parte de la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Morelia (2016) y hoy se encuentra disponible en diversas sedes del circuito cultural de exhibición de la República Mexicana.

Tiempo sin pulso sigue la historia de Bruno, universitario que padece con tristeza la muerte prematura de su hermano mayor, así como el dolor permanente en que vive sumergida su familia. Interpretado naturalmente por el novel actor Andrés Lupone, Bruno será llevado por la culpa a un estado de represión sexual que lo mantendrá agónico en un tiempo inmóvil de sufrimiento reiterativo. Ante el temor de continuar su vida, el joven amante del dibujo deberá atravesar un doloroso camino para aceptar la ausencia, asumir la perdida y retomar las riendas de su futuro.

Con encuadres en primer plano, primerísimo primer plano y plano a detalle, el lenguaje cinematográfico de Tiempo sin pulso nos adentra en carne viva a la intimidad de un protagonista que busca contener una pulsión sexual que gradualmente se revela por encima de sus remordimientos más profundos. Encapsulados constantemente entre paredes de audios diegéticos que enuncian una cruda realidad nacional que parece no ser la suya, los personajes de esta ópera prima delinean con desesperación el sufrimiento cotidiano que dejó tras de sí la tragedia de perder a su ser amado.

El primer largometraje de Bárbara Ochoa Castañeda es el relato sencillo de un drama familiar que se aproxima sensiblemente a la complejidad de los duelos personales. Tiempo sin pulso reflexiona sobre el poder transformador de la muerte, las dificultades psicoemocionales inmediatas a la perdida, además de la culpa y la complejidad que envuelve el reaprendizaje de la vida después de un suceso traumático. A pesar de ser una historia contada desde la perspectiva adolescente, esta ficción introspectiva llega a un público más amplio al empatizar con adversidades íntimas que no siempre se ven, pero son universales.

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