Todo el mundo tiene a alguien menos yo: la decepción colectiva

Autor: Regina Chanona

Todo el mundo tiene a alguien menos yo: la decepción colectiva

Aparentemente todes hemos pasado por ese momento en que vemos pasar a nuestro alrededor parejas tomadas de la mano y pensamos “Todo el mundo tiene a alguien menos yo”.

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Por eso, al ver Todo el mundo tiene a alguien menos yo (México, 2012) dirigida por Raúl Fuentes, mis primeras impresiones comienzan con recuerdos personales del 2012, año en el que se estrenó la película. Tenía 18 años y me encontraba en la preparatoria. Miraba el mundo de forma lejana y singular. Recordé a una persona en especial que era más grande que yo y al principio me sentí atraíde por ella. Sin embargo, conforme fue pasando el tiempo me di cuenta de que ni yo sabía qué era lo que quería y mucho menos ella, a pesar de ya rondar sus treintas. Regularmente me gustaba ligar a personas mayores que yo para asegurar mi poder y alimentar mi ego, lo cual hace que mi yo del pasado conecte con Alejandra (Andrea Portal), la protagonista de la película, quien se muestra como un personaje maduro, arrogante, intelectual y apegado a la literatura; la única diferencia que encuentro entre ella y yo, aparte de las edades, es que ella es un personaje forjado y yo ni a Ingmar Bergman conocía.

La trama del filme se desenvuelve de forma disruptiva mediante actos sencillos. Al inicio del largometraje se muestra a Alejandra cultivar una relación con una chica menor llamada María (Naian González), gozosas de su sexualidad y libertad me hacen desear por un instante su seguridad al rondar por las calles. Por medio de guiños me doy cuenta de cómo burlan la verdad al decir que son amigas; es ahí cuando recuerdo mi última pareja y su afán por nunca decir que éramos algo más que amigas, después fue un motivo fuerte para nuestra separación… Posteriormente me percato de la soledad de Alejandra y su pesimismo ante la vida como máscara.

Después, se muestra cómo la protagonista se enamora y la vulnerabilidad aparece, haciendo que sus estribos se pierdan y llevándola a recordarle a María sus bastos conocimientos culturales. Mis recuerdos regresan. Mi última pareja (quien aparte lleva el nombre de la protagonista), constantemente me hacía ver mis errores, haciendo que me sintiera insatisfecha conmigo. Con el tiempo comprendí lo complejos que somos los seres humanos y esta película me lo reafirma.

Como notas breves hacia la técnica fotográfica y sonora, Raúl Fuentes conecta con el estilo de Frances Ha de Noah Baumbach y la nouvelle vague a la mexastylese encuentra presente alrededor de la película. Por momentos, la iluminación oscila en el film noir, acompañada de planos fijos sencillos. Los movimientos lentos de cámara esporádicos funcionan para llevar al espectador por el contexto mismo de la situación y el sonido se compone por un vococentrismo y música milenial que nos remite al tiempo contemporáneo.

Mientras veo a Alejandra y su encuentro fortuito por la vida con María, me pregunto ¿por qué nunca se quedan juntas dos chicas que se enamoran en una película? Esta vez ninguna murió o se suicidó o se quedó con un chico; esta vez el problema principal es universal, la arrogancia, el egocentrismo y lo demandante que es Alejandra le llevará por un camino que no creyó que caminaría. Por otro lado, reconozco que es bastante satisfactorio ver una película en donde el meollo principal no sea la crítica social y las preferencias sexuales. 

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