Top 3: la naturalidad de la que carece el amor

Autor: Magaly Olivera

Top 3: la naturalidad de la que carece el amor

La historia es sencilla: Anton se enamora de David y eventualmente David le corresponde a Anton; pero cuando se trata de relaciones de pareja, las historias nunca son tan sencillas. Con el paso del tiempo, Anton y David descubren que, aunque disfruten mucho de sus momentos juntos, sus personalidades los inclinan a tomar rumbos distintos, y ahí empiezan los problemas.

Anton es un hombre ordenado que vive en un campo remoto al norte de Suecia. Hasta el momento en que vio a David pasar frente a él en una biblioteca, ninguna emoción le había resultado extraordinaria a lo largo de su vida. Por eso, su reacción inmediata es asumir que David no formaría parte de su rutina, hasta que un día se acerca a él y poco a poco comienzan a cultivar un vínculo que trasciende distancias geográficas y, al inicio, diferencias en sus planes de vida, ya que David es un chico mucho más aventurero que Anton.

Después de vivir varias experiencias juntos, la curiosidad de David por descubrir el mundo acaba por ser una presión sobre Anton, quien a su vez resulta muy conservador para David. Entre estos enredos, encontramos el clásico ir y venir de las parejas que se aferran a que las relaciones funcionen, incluso si las diferencias se vuelven cada vez más visibles. Sin embargo, hay algo en Top 3 (2019) que conmueve: no estamos ante una dinámica tóxica que se ofusca pese al daño, sino ante dos personas que ejemplifican la pureza del amor cuando es honesto.


Quizá el primer rasgo que vuelve a esta comedia romántica en una narrativa distinta a las que nos invaden con estereotipos heteronormados es el hecho de que se da entre dos hombres. Cabe aclarar que no es esta característica por sí misma la que hace de la película dirigida por Sofie Edvardsson una producción distintiva, pues para nada centra su atención en este hecho, sino que simplemente ofrece una posibilidad de hablar de amor que escapa a las imposiciones patriarcales que suelen contener jerarquías de poder, sufrimientos innecesarios y, en la mayoría de los casos, sumisión por parte de alguna de las dos partes (y sí, esa otra parte casi siempre es la de la mujer). 

En esta historia, Anton y David se comunican entre ellos con una naturalidad envidiable. No parece existir en su relación un autoritarismo, sino un intento genuino por encontrar un punto medio entre sus intereses dispares; tampoco hay una dramatización exacerbada de sus pasiones, sino comprensión, ternura y diálogo.

También distingue a Top 3 su forma: la animación realizada por Jakob Nyström, junto con la velocidad de su montaje, hacen de este filme una mezcla de colores brillantes y estímulos divertidos que sorprenden al espectador por impredecibles y que lo conducen, casi sin que se dé cuenta, por una narrativa alegre que invita a replantear muchos hábitos asentados en las relaciones de pareja diseñadas bajo el yugo de la heteronormatividad.

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